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12 September 2010 @ 08:41 pm




>> Era el Año del Dragón… Una época de júbilo gracias a mí. Fecha de incesantes festejos por las matanzas cometidas. El ser humano…, en aquel entonces, e incluso ahora, es atroz. Pero no me importaba, no en esos tiempos. Viajaba a todas partes y ayudaba a la gente con sus problemas. Me ganaba la vida así. Tenía todo el tiempo del mundo… No temía caer en combate ni enfrentarme a cualquier aberración pues era el mejor. El más fuerte, el más rápido, el más listo… Estaba siempre un paso por delante. La vida era buena. Podía hacer aquello que quisiera, mas nunca me contentaba. Mis demonios me atormentaban en cada momento, siempre, a cada instante. Pues sabía que el auténtico monstruo era yo… y no las bestias a las que daba caza.

Año tras año contemplaba el constante cambio del mundo. Yo influía demasiado en los acontecimientos, me había dado cuenta de ello. Casi pareciera que el mundo esperaba a mis atrocidades para seguir cambiando. El hombre dictamina el futuro. Yo iba a vivir eternamente… Tenía tiempo de sobra para dictaminar el futuro. Mi futuro. Era joven… y estaba equivocado.

El segundo día del Año del Dragón, en el festejo por mi victoria ante el dragón dorado Gyllengdrin, el curso de la historia cambió abruptamente.
 

Descubriría mi destino… Me enfrentaría a una batalla que estaba dada a perdurar durante décadas…y, por encima de todo, le concedería el último deseo. Sólo a ella. La mujer que me habló del verdadero significado de la espada del destino. <<

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 > La ciudad de Denerim. Año 1226. Primer día del Año del Dragón.

En la mismísima sala del trono tenía lugar la fiesta. Gran parte de los ciudadanos de Denerim, sobretodo los nobles, habían asistido a tamaña celebración. Nowe, una vez más, había hecho honor a su leyenda. Había matado a un dragón en el Año del Dragón, no podía existir mayor gloria que esa. Fue el Teyrn Eamon quien propuso a su majestad celebrar la fiesta en honor al Cazador Albino, conocido en esas tierras como Gwynbleidd. Y el festejo también era de leyenda, pues a cada lado de la sala se imponían dos largas mesas llenas de comida para alimentar a toda una nación. Más de veinte trovadores deleitaban a los invitados con su armoniosa y apropiada música, algunos incluso haciendo las veces de bufón real. Bailarinas exóticas llegadas de tierras lejanas bailaban sin parar correteando por todo el salón haciendo que los hombres o bien babearan o bien les siguieran, incluso alguna que otra mujer. Tampoco faltaban las cortesanas para tratos más íntimos que las bailarinas no podían ofrecer.
En cuanto a la comida, habían servido de todo tipo. Asados, guisos, sopas, quesos, vinos, frutas… El Teyrn se había encargado de buscar a las mejores cocineras para preparar el banquete. El resultado a su dedicación estaba siendo del agrado de todos. El rey, por su parte, no demostraba tanto entusiasmo por festejar a un único hombre. Es más, el rey no soportaba el hecho de que un hombre, sin patria ni señor, de cabellos blancos y el aspecto de un joven de no más de veinte años, tuviera el don de la inmortalidad. Y no solo eso, sino que ese hombre había matado a un dragón dorado en su reino. La gloria y el respeto de sus huestes que tanto anhelaba le estaban siendo concedidos a Gwynbleidd. No obstante, a pesar de todos los celos, el buen rey pensó que si él respetaba al héroe legendario, su pueblo le miraría con buenos ojos. Y razón no le faltaba, pues tenía más gente a su lado que el mismísimo héroe de Denerim, el cual permanecía a un extremo de la sala, apartado, alejado del resto, bebiendo sólo, sin compañía alguna. De vez en cuando se le acercaba la plebe a darle la enhorabuena o a preguntarle algo acerca de su inmortalidad. Las chicas más atrevidas también le pedían que les mostrara el tatuaje que tenía en su pectoral derecho. Gwynbleidd trataba de poner buena cara puesto que la fiesta era por él, pero realmente no era su ambiente. Esperaría de buena gana a que los festejos acabaran para retirarse a sus aposentos. Si entre todas las mujeres encontraba a alguna decente, o a algunas, entonces no pasaría la noche sólo.
Y las horas pasaban y la fiesta seguía. El Año del Dragón, pensó Nowe, tengo mi propio año y ni siquiera lo celebro. Esta gente no comprende nada, no sabe nada. Si tan solo supieran una pizca verdad sobre este mundo…  La verdad es una esquirla de hielo. Sin embargo, de algún modo, me adoran. Mis actos son de su agrado. La era de los héroes continúa gracias a mí. El vacío que siento, sin embargo, no se llenará con mis actos heroicos por todo el mundo. Bah… debería centrarme en la fiesta y acabar esto cuanto antes.
Nowe se desplazó aún por el extremo de la sala, buscó la luz de la luna llena por una de las ventanas altas. Cuando la halló, se quedó ahí de pie, con la copa de hidromiel en mano, mirando a la radiante luna. Era difícil encontrar algo de paz entre todo el bullicio, pero más o menos pudo concentrarse observándola. Aun siendo sabedor de uno de los mayores secretos del mundo relacionado con los mismísimos Dioses, el firmamento seguía siendo un misterio, y la luna… una perfecta y misteriosa obra maestra. Se preguntó si era posible de alcanzar… Le pareció ver algo frente a la luna. Algo moverse. Una cortesana se le puso en medio.

 - El Hijo del Dragón… -susurró curvando los labios. Nowe la examinó, no era una cortesana. Sus atuendos eran demasiado extravagantes, era una de las trovadoras. ¿La más bella, quizá? Tenía la melena rubia echada a un lado, el flequillo casi le tapaba un ojo y, a pesar de la poca luz que había en esa parte del salón, se distinguían unos ojos verdosos y una piel ligeramente morena.
- Poca gente me llama así. No eres de aquí –dijo frío, sin sentimiento.
- No, soy de muy lejos. Seguro que nunca has estado en mi patria… -insinuó.
- Prueba.
- Oshamar. Muy, muy al este.
- Hace cuatro años estuve ahí. Te sonará la batalla del Fuerte Mhar…
- No es verdad… -musitó sorprendida.
- Sí, estuve presente. –El héroe se permitió una sonrisa para tratar de conquistar a la joven. Pareció tener efecto pues ésta bajó la cabeza ruborizada. -¿Tienes nombre?
- Tú puedes llamarme Denna –sonrió de nuevo. –Por aquí te llaman Gwynbleidd… ¿Es lengua antigua?
- Así es, Denna.
- ¿Qué significa? –preguntó más que curiosa.
- Lobo Blanco. –La chica arqueó las cejas de nuevo sorprendida.
- Tienes una infinidad de nombres, ¿eh?
- Sólo uno, en verdad. El resto me los pone la gente. –Dio un trago a su hidromiel. Denna se volteó para ver si aún quedaba comida. Y quedaba mucha.
- ¿Comemos algo?
- Nah… -Terminó su hidromiel de un único trago, luego dejó la copa en el borde de una pequeña ventana. –No como nada que haya estado vivo antes. Es repugnante.
- Vaya, eso no me lo esperaba de un hombretón como tú, lo admito. ¿Y qué comes?
- Fruta, alguna que otra verdura si el hambre es fuerte… Poca cosa, en verdad. Hace un tiempo tenía un guía que sabía prepararme buenos guisos vegetarianos… Añoro su arte en la cocina.

 Nowe no pudo evitar recordar aquellos tiempos. Aquel guía le acompañó más de lo que hubiera imaginado en un principio. Pero, como todas las personas que se juntaban a él, la muerte le llevó. Nowe, al recordar a la bestia que asesinó a su guía, se llenó de ira por un momento. Aspiró profundamente y luego volvió la vista hacia Denna, que no había dicho nada todavía. Sólo le observaba curiosa. Nowe se preguntó qué edad tendría la chica… No aparentaba más de veinte. Demasiado joven. La más hermosa que había visto, pero demasiado joven. Qué demonios, pensó al fin, tarde o temprano serán todas demasiado jóvenes.

 - Disculpa, no quería aburrirte con mis gustos gastronómicos
- Me haces un honor al conversar conmigo. No hay nada que disculpar. –Se enredó el pelo con los dedos. Coqueteó. –Me preguntaba si…
- ¿Salimos al patio? Empieza a agobiarme tanta gente. –Fingió una sonrisa pícara. –Además…, no quiero enseñarle el tatuaje a nadie más.

Una vez fuera no hubo mucha más conversación. Nowe la cogió de la mano y la llevó hasta el balcón. Le hizo ver la luna durante un momento, sin soltarle la mano. Ella la apretaba con fuerza. Él, divertido, agudizó el oído entrando en un modo muy preciso y oyó los latidos del corazón de Denna. Estaba nerviosa o ansiosa, no supo distinguir. Nowe acercó su rostro al de ella, enredó su mano en su melena rubia, con la otra, acarició su mejilla hasta llegar a la barbilla, la mantuvo ahí. Ella recorrió la distancia que quedaba y le besó con pasión, más pasión de la que él esperaba. Sus manos buscaban la espalda de Nowe entre el caftán de cuero y la funda de la espada. Finalmente las puso en su cuello, también revolviéndole los cabellos. Ella tenía los ojos cerrados… Él no. Sobraban las palabras. Sólo esta noche, pensó, sólo esta noche. Nunca más la volveré a ver. Yo viajaré y el tiempo pasará. Su belleza se marchitara y, si la muerte no le llega antes, envejecerá. Mi viaje lo hago solo. Sin lazos afectivos, ya no. Porque así es como debe ser. Porque la verdad…, la verdad es una esquirla de hielo.

- Segundo día del Año del Dragón.

 Él no durmió. Después de su fiesta personal con la trovadora Denna de Oshamar, únicamente esperó como otras tantas veces. No existía satisfacción alguna. Pareciera incluso que se arrepentía de haber yacido con la joven. Pero fuera de todo eso, algo le inquietaba. No paraba de mirar constantemente el despejado cielo de madrugada y, horas antes, la sombría noche. Algo había allí arriba que le inquietaba. Aquello que pasó frente a la luna…
Oyó a Denna retozar divertida entre las sábanas. Al cabo de un rato se incorporó a medias. Sonrió al albino y éste le devolvió una sonrisa forzada. La trovadora se levantó mostrando su espectacular figura. Vestía únicamente con el camisón de noche, que poco tapaba en verdad. Nowe apreció una vez más su bella figura. Pero nada más, nunca nada más. Ella se acercó a él al balcón.

 - O sea que queda otro rumor confirmado… -dijo en voz baja.
- ¿Cuál? Hay muchos.
- Dicen que no duermes.
- Técnicamente ese rumor es falso… Duermo una vez cada mucho tiempo.
- ¿Por qué? –preguntó, luego bostezó.

 Nowe frunció el ceño. No quiso responderle. Siguió mirando el sol de poniente en silencio y ella decidió imitarle. Pasados unos minutos el silencio se vio interrumpido por la llegada de un torpe guardia que, sin llamar a la puerta siquiera, entró en los aposentos del invitado de honor y aviso de la llegada del Teyrn Eamon. Nowe torció el gesto y avanzó unos pasos. Por la puerta apareció Eamon. Casi anciano, de porte noble, melena canosa echada hacia atrás y recogida en algunas trenzas, ojos grises, nariz grande… Buena gente en general. El responsable de tamaña fiesta en honor a Nowe.

 - ¡Gwynbleidd! –Calló al ver a Denna con el camisón. Carraspeó, parpadeó y continuó. –Gwynbleidd, gracias a Dios que estáis despierto, os necesito.
- Un poco pronto para pedirme favores, Teyrn Eamon… -dijo poco cortés. Su entrada no le había gustado nada.
- Es importante, os lo aseguro. –No le dejó tiempo para responder. –Anoche asesinaron a toda una patrulla en el fortín del bosque. ¡Han sido vampiros!
- ¿Vampiros? –dijo incrédula la trovadora. Miró a Nowe. -¿Es posible?
- Lo es. Gran parte de los vampiros son nómadas. Habrán llegado a la espesura y, al adentrarse en el bosque, debieron toparse con tu patrulla. Debían estar sedientos para atacar a todos los guardias…
- Tienes que dar con ellos, voto al diablo. Esas bestias de Satán nos atormentarán cada noche si no haces algo. ¡Os lo ruego! –Nowe suspiró.
- Es posible que ya se hayan marchado, Teyrn. Apuesto a que son vampiros de raza superior…
- ¿Raza superior? –preguntó Denna.
- No se me ocurrió otro nombre que darles… Los conocí hace unos años, son vampiros mucho más fuertes y rápidos que los comunes. Éstos tienen los sentidos más desarrollados, algunos incluso poderes especiales únicos. Pero lo mejor de todo… -sonrió diabólicamente-, pueden salir a la luz del sol. No les hace nada, únicamente… brillan.
- ¡Voto al diablo! ¡Entonces pueden cazarnos cuando quieran!
- O podríais cazarlos vosotros a ellos… Siempre os resignáis. Durante años se dice que los vampiros cazan humanos y entonces los humanos se esconden de los vampiros… ¿Soy el único que decidió tomar la iniciativa? Ayer mismo degollé a un dragón dorado. ¿Sabíais que los dorados son considerados legendarios entre su especie? Además quedan muy pocos, cuentan. Es muy difícil encontrarse con uno… Incluso hay gente que adora a los dragones, tienen sus religiones ridículas y todo. Hay que sobrepasar el límite establecido… No someterse a los cuentos de hadas.
- Eso significa que…
- Significa que no voy a ponerme a buscar vampiros, Eamon. Conozco sus costumbres y ya se habrán marchado a buscar un pueblo indefenso al que atormentar. Si diera con ellos en mi partida… te aseguro que los cortaré en pedazos. Pero ahora es inútil buscarlos, ¿entiendes?
- ¡Voto al diablo! –juró de nuevo. –Porque sois un héroe de leyenda…, sino juraría que os despertasteis un poco vago esta mañana. Que Dios te escuche, buen Gwynbleidd, y que esos chupasangres se mantengan lejos de Denerim. Disculpad las molestias. Adiós. Señorita…

 Eamon y el torpe guardia dejaron los aposentos de Nowe. Él bufó cansino. Ella sonrió orgullosa. Se acercó a él y le abrazó por la cintura mientras miraban el horizonte por la ventana. Nowe intuyó que Denna realizaría más preguntas que romperían el silencio que anhelaba.

- ¿De verdad crees que esos vampiros superiores se han marchado?
- De verdad. Si lo que sientes es temor hacia esos… monstruos, has de saber que no dejaré que se acerquen a Denerim. Si encuentro su rastro cuando me vaya de aquí, les seguiré y les daré caza.
- ¿Cómo se mata a un ser tan superior, Gwynbleidd? –Su curiosidad para con el héroe no parecía conocer límites. Había sido la afortunada de compartir su lecho y ahora se aprovechaba de ello pues sabía que era muy, muy efímero aquel momento.
- ¿No lo presenciaste ayer?
- El dragón dorado… –musitó asombrada aún.
- El dragón dorado –repitió. –No hace falta ser de otra raza para cazar a los seres que tachan de poderosos.

 Denna se abrazó más a Nowe. No pudo contenerse, tuvo que decir lo que pensaba antes de que fuera demasiado tarde. Ella sabía que no debía amar a un hombre sólo por las incontables leyendas que protagoniza, sólo por ser el más apuesto y extravagante, por ser el más fuerte y misterioso además de sabio a su manera. Sabía que aquello no debía ser amor, no tenía que serlo, porque lo conocía de una noche, porque también había oído lo que le duraban al héroe las mujeres.

 - Te marchas hoy… ¿verdad? –Su voz tembló. Se sintió estúpida.
- Me marcho ahora.
- ¿Por qué tan pronto?
- Me quedé en Denerim después de matar al dragón porque Eamon se tomó muchas molestias en hacerme una gran celebración. Dicen que estamos en el Año del Dragón, mi año, o sea que debía hacer honor a la gente que cree en mí…, que son más de los que pudiera imaginar. Pero no te confundas, Denna, no soy el hombre que crees que soy. No eres la única que ha yacido conmigo por una noche… –Nowe rompió el abrazo, era hora de partir. –Debo irme.
- Lo supe desde el principio… Adiós, Gwynbleidd, Lobo Blanco. –Sus ojos lacrimosos hicieron creer a Nowe que iba a llorar, pero no fue así. Lacrimosos quedaron sin más.

Volvió a embutirse en sus atuendos de cuero negro con fragmentos de armadura cubriendo sus hombros, pectoral derecho, antebrazos y rodillas, y recogió su equipo. Su espada larga y gruesa la cargó a la espalda, la daga de plata a la cintura junto a los pequeños cuchillos arrojadizos, la cadena de plata bien enrollada y a la izquierda del cinto, las diversas pociones de frascos diminutos esparcidas por pequeños bolsillos por la parte de atrás del mismo cinto, y listo. Siempre viajaba con el equipo necesario para matar a toda clase de criaturas. Aunque Nowe sabía lo impredecibles que podían ser las criaturas y seres del mundo, pero, por lo general, un buen mandoble solía bastar. La plata siempre era efectiva contra gran número de monstruos, como los Hombres Lobo; las pociones que portaba eran tanto dañinas como benignas, llevaba desde elixires y antídotos hasta venenos y disuelvehechizos –detestaba a los magos-. No obstante, Nowe tenía un dicho al que se aferraba con orgullo: Cuando todo lo demás falla, siempre quedo yo.
Él, su mejor arma.
Sin sentimiento, se marchó del castillo. Una única visita de cortesía al rey. Una simple reverencia y un agradecimiento. Aplausos, la última ovación. Risas y agradecimientos. Deseo por parte de las mozas. Hasta más ver, se despide Eamon. Por parte Nowe, una reverencia final. Adiós y gracias, dice.
Nowe montó en su fuerte yegua y, tras darle unas monedas al herrero que la había cuidado y puesto las herraduras nuevas, se alejó por el camino de Denerim hacia las afueras. Sabía que tarde o temprano volvería a la noble ciudad, lo sabía. Volvió la vista atrás, hacia el cielo, hacia la luna que aún estaba tímidamente presente tras una ola de nubes y niebla. Recordó entonces que algo pasó frente a la luna la noche anterior… ¿Otro dragón? Era una posibilidad, aunque no solían vengar a sus caídos estas criaturas aladas, ya no lo hacían. Y se siguió alejando, aquello no debió de ser nada realmente. Espoleó a la yegua que de vez en cuando llamaba Reina y empezó a galopar a gran velocidad. ¿Rumbo? Ninguno en especial. Viajaría hasta encontrar algo que le llamara la atención o, como solía ocurrir, hasta dar con alguien necesitado. También eran muchos los casos en que se unía a algún gremio de cazadores para viajar en busca de criaturas místicas, de esa manera ganaba mucho renombre al demostrar frente a los expertos que él era mejor. Si algo se le daba bien al héroe inmortal… era alardear. Quería ayudar a la gente, eso no cambiaba nunca. Sabía bien que su camino se había torcido en numerosas ocasiones, sabía que estaba yendo demasiado rápido aun teniendo todo el tiempo del mundo. No se sentía orgulloso de lo que podía llegar a ser, pero deseaba el bien ajeno más que el suyo propio. Alardeaba, y mucho, pero era su propósito lo que realmente le importaba. Pese a todo, no tardó en autodenominarse monstruo a sí mismo. Su mente era de lo más compleja.
De repente, silencio.
Reina se estremeció, se puso nerviosa.
Nowe volvió otra vez la vista atrás, observando las murallas de Denerim y la ciudad tras ella. Algo le inquietaba.
El viento sopló más fuerte. El clima neutro se convirtió en algo agresivo. Las nubes se volvieron negras, comenzaron a moverse con brusquedad. Rayos tronaban dentro de ellas, rugiendo en la oscuridad.
Y por último, fuego. Una lluvia de fuego.

- ¡Mierda! ¡¡No!!

El cielo se tiñó de rojo. Los meteoritos abrían brechas en las nubes y caían por todo Denerim y alrededores. Nowe contempló impotente cómo la gran torre del castillo caía, vio cómo los meteoritos se estrellaban arrasando todo a su paso. Comenzaban a acercarse a su zona también, Reina se puso más nerviosa aún. Salió huyendo, Nowe saltó y la dejó marchar. Él debía volver…
No comprendía nada. No entendía el por qué llovían meteoritos de repente, justo allí, en Denerim, donde se encontraba él. Pero se equivocó. Cuando comenzó a subir la colina corriendo tanto como podía, vio en la lejanía que los meteoritos abarcaban todo cuanto podía ver. Iban cayendo por todas partes pero muy alejados entre sí. Agudizó la vista, alguna clase de seres humanoides alados surcaban los cielos, la mayoría descendiendo a tierra firme. Ahora sí estaba desconcertado del todo.
Corrió hacia Denerim. Debía salvar a tantos como pudiera, tratar de que evacuar toda la ciudad. Que huyeran a cualquier parte donde esos seres no les hicieran nada. Tendría que combatirlos a todos, llamar su atención para que se fijasen en él y no en los ciudadanos. Soltó una maldición por no tener un arco a mano.
Para cuando llegó a las puertas de la ciudad ya perecía demasiado tarde. Vio en lo alto que el castillo estaba destrozado. Denerim, en su gran mayoría, ardía, mas Nowe no perdió la esperanza, aún creía poder salvar a muchos. Se acercó a las puertas, fue entonces cuando tres de aquellos alados seres aterrizaron frente a él impidiéndole el paso. Sus alas de plumaje blanco eran imponentes, al igual que su armadura, dorada gran parte y con runas grabadas en el centro de la coraza. Los brazos quedaban al descubierto, las piernas cubiertas por unos faldares que caían desde el cinto. Sus armas eran totalmente desconocidas para Nowe, nunca había visto un acero tan perfecto y hermoso.

- ¿Quién demonios sois? –Preguntó, intranquilo ya, pensando en lo rápido que iba a desenvainar su acero para empezar a decapitar.

No respondieron.

- ¿Ángeles? No puede ser…
- Yo creo que sí.

Nowe se dio la vuelta, dispuesto a contrarrestar cualquier sorpresa. El hombre, o ángel, que había hablado imponía infinitamente más que el resto de alados. Éste tenía las alas negras, brazos más musculosos y una armadura que Nowe solo pudo clasificar como avanzada al resto. Su cabello, negro como el azabache, era corto y estaba revuelto hacia atrás. Su espada, más gruesa que la del héroe, con grabados por toda la hoja, también era oscura e imponente. La única luz que desprendía aquel ser provenía de sus ojos azules.
Aterrizó, movió sus hombros, se preparó. Su mirada, al igual que la situación en sí, no presagiaba nada bueno. Nowe no vaciló, desenvainó su primitivo acero.

- Gabriel… ¿Me equivoco?
- Nowe Drakengard, el Hijo del Dragón, el Cazador Albino. No esperaba verte aquí. –Su tono era pasivo, su expresión odiosa.
- O sea que el hombre al que veneras se ha cansado finalmente de los humanos… Debí haberle matado cuando tuve ocasión –dijo, y sonó muy furioso. Gabriel frunció más el ceño, enfadado por sus palabras blasfemas.
- ¡No es un hombre, es Dios! – De repente, su rostro se volvió pasivo. –Pierdo el tiempo contigo. No serviría de nada explicarte la situación, nunca fuiste demasiado atento…
- ¡Estáis asesinando gente! ¡No hay nada que entender!
- Muchachos… Seguid con la misión. Él también es un objetivo.

 Gabriel retomó el vuelo dejando a Nowe con la palabra en la boca. Los ángeles se lanzaron a por él. Movimientos rápidos, sablazos precisos, velocidad impresionante. Nowe saltó, hizo florituras con la espada para bloquear los numerosos golpes. Esquivó hábilmente un ataque del ángel más cercano, le cercenó un ala de un poderoso tajo que acompañó con las dos manos. Otro ángel saltó por encima de él, se colocó a su espalda y atacó a la par que el otro ángel que se tenía en pie. Nowe ya tenía su daga en la mano libre, giró sobre sí y desvió ambas hojas. Cortó la mejilla de uno, hundió su acero en la pierna de otro, inmovilizándolo. El del corte en la mejilla volvió a atacar con fuerza, un movimiento en vertical, torpe en comparación con los otros. Nowe, que aún removía su espada en la pierna del ángel, se apartó en el momento exacto para que la espada de su enemigo se clavara en el cráneo del herido. Para finalizar, el Cazador Albino movió con brusquedad los brazos formando una equis. El ángel no lo vio venir. Remató sin piedad al que se agonizaba por su ala, su sangre le salpicó en la cara.  Corrió hacia la brecha que alguno de los meteoritos había creado en la muralla, la trepó hábilmente. Siguió avanzando rápido por la muralla, sorteando todos los obstáculos de la estructura ya en ruinas. Su objetivo era el mismísimo Gabriel, el que comandaba a tamaño ejército de ángeles en lo que se presentaba una macabra misión homicida.  Aún no había remontado demasiado el vuelo, se desplazaba por lo bajo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, saltó desde el punto más alto que pudo de la muralla hacia el ángel de alas negras. Se estrelló contra su armadura, trató de apuñalarle con su daga por la espalda. El arma se quebró, se aferró con la mano en la armadura. Caían dando vueltas, forcejeando por ver si se podían herir antes de entablar combate en tierra, antes de luchar con espadas. Gabriel se zafó a pocos metros del suelo y arrojó a Nowe contra la hierba del camino.

- Tú lo has querido… Tendrás una muerte noble. –Amenazó el arcángel, su espada adquirió un aura celeste. –No habrá gloria para ti en este combate, Nowe Drakengard. La voluntad de Dios escapa a tu entendimiento, la complejidad de su sagrada misión es demasiado incluso para una mente tan avanzada como la tuya. Peleando contra mí y mis hombres no obtendrás reconocimiento alguno, sólo una muerte segura por oponerte a lo correcto.

Nowe escupió, se reincorporó, aferró su acero.

- Cabrón fanático. Te maldigo a ti y al dios que se hace llamar Dios. Me es difícil decidir quién me resulta más patético… Y, por supuesto, ni voy a morir, ni voy a dejar que tú y tus ángeles masacren a todo el mundo.
- Me aseguraré… de que tu orgullo caiga antes de tu muerte. No debería sorprenderme tu arrogancia. Cuando a un simple humano le das demasiado poder… se lo cree y se enamora de sí mismo. Te crees invencible, ¿verdad?
- Y tú te crees demasiado listo. Veamos si tu supuesta inteligencia puede contra mi arrogancia. ¡Lucha, Gabriel! ¡Sin su líder tus pájaros no opondrán resistencia!
- Pobre iluso… –Gabriel sonrió por primera vez. –Ahora te mostraré… ¡el poder de un arcángel!

Saltó, ya se encontraba frente al peliblanco. Él no lo vio venir, bloqueó con torpeza el mandoble pero la patada le dio en el pecho. Rodó hacia atrás, se puso en pie tras la voltereta, no podía darle una ventaja tan fácil a Gabriel. Aguardó un nuevo ataque, lo esquivó con un movimiento ladeado, más ágil de lo que el arcángel hubiese esperado, lanzó un sablazo dispuesto a rebanarle las piernas, su rival no lo bloqueó… Un golpe contra el metal. Como el sonido que causa el martillo del herrero al golpear el acero candente. La armadura de Gabriel había bloqueado por sí sola el ataque de Nowe… El arcángel, tras un fugaz movimiento, golpeó con el ala a Nowe y lo elevó del suelo, antes de que cayera le agarró del cuello y lo acompañó hasta el suelo. Un fuerte estruendo, la hierba y las escasas flores revolotearon alrededor. Gabriel quiso acabar rápido, lanzó una estocada. El héroe la esquivó en el momento exacto, la hoja se clavó en la tierra, él se alzó golpeando el perfecto rostro del ser divino. Le hizo soltar la poderosa espada, volvió a golpearle el rostro, un giro acompañado de un nuevo puñetazo con más fuerza acumulada, de nuevo en el rostro. Gabriel flaqueó tras el tercer impacto y cayó sobre una rodilla, notó un ligero hilo de sangre proveniente de una ceja. Nowe quiso rematar el combo con un rodillazo, el arcángel hizo otro de sus fugazas movimientos, ya estaba a su espalda. Con un brazo le rodeó el cuello, luego golpeó seguidamente su costado, oyó con satisfacción cómo se quejaba golpe tras golpe. Le dio la vuelta con brusquedad, obligándole a mirarle de frente, estaba aturdido, no iba a bloquear el siguiente golpe. Se impulsó con las alas y elevó a Nowe de un rodillazo en el rostro, aún en el aire, se colocó encima suyo y le dio un pisotón en el pecho que, de nuevo, le estrelló contra el suelo. Nowe escupió sangre, le costaba respirar, se arrastró tan rápido como pudo queriendo evitar que Gabriel se ensañara ahora que no podía defenderse.

- Admiro tu coraje. Desde el día en que te vi por primera vez admiré el hecho de que un humano destacara por encima de todos. Pero todo tiene un límite, Drakengard… –El arcángel caminó despreocupado hasta su perfecto acero y lo recogió. –Los humanos pueden sobreponerse a todo…, siempre lo han hecho. No obstante… los ángeles, ángeles son. Estamos muy por encima de vosotros, muy por encima de los sobrevalorados dragones y las demás nefastas criaturas. Hay límites que incluso tú deberías conocer. No vas a impedir nuestra misión, Nowe…
- Voy a matarte, Gabriel… –dijo, y sonó fuerte pese a todo. –No puedes… ganar.

Gabriel llegó hasta él, espada en mano, mirada fría, sin sentimiento. Agarró a Nowe de un hombre y lo obligó a ponerse de rodillas frente a él. Quería mirarle a los ojos antes de acabar con su vida. Después de todo, tal y como había afirmado, seguía siendo un humano que había destacado del resto.

- Fin de la leyenda –se despidió el arcángel.

La estocada fue perfecta, directa al corazón… pero no llegó a su objetivo. Nowe la había detenido con sus manos, demostraba una fuerza superior al forcejear aun estando débil.

- ¡Todavía no!

Gabriel no cesó, empuñó el mango con las dos manos y se inclinó para ganar mayor ventaja. Nowe seguía imponiéndose tanto como le era posible. No, no voy a aguantar mucho más, pensó, no voy a poder ganar esta vez…
Pensó en la fecha, el Año del Dragón, su año, pensó en la última mujer que había elegido, Denna, la trovadora de Oshamar, curiosa ella y más bella que las demás, pensó en la infinidad de personas que había salvado en sus 34 años de vida y en las otras muchas que había asesinado. Por último, con un sentimiento que no logró descifrar, pensó en su familia… Los padres que nunca conoció y el dragón azul que lo crió durante dieciocho años. No debería acabar así, no quiero morir aquí, no así… Noh…
La hoja le atravesó al fin. La sangre emanaba a chorros. Sus manos, que antes sostenían la espada, perdieron todas sus fuerzas.
Gabriel, de repente, ladeó la cabeza… Arrancó la armadura ligera de Nowe y observó el tatuaje que tenía en el pectoral derecho…

- Vaya, lo olvidaba… Tú tienes el corazón en la derecha.

Extrajo la espada del pectoral izquierdo de Nowe y lo dejó caer por última vez a la hierba teñida de rojo. El arcángel, tras su victoria, no sintió alegría alguna. Intentó encontrar un sentimiento de pena por la muerte un humano especial pero no lo encontró, su orgullo se imponía. Sabía que había hecho lo correcto. El mundo debía cambiar ese mismo día, no existía sentimiento de culpa. La misión debía continuar, agitó sus alas negras alejándose del cuerpo de un adversario digno.
Nowe, aún consciente, intentó moverse. Imposible, la herida era demasiado grande. Respiraba entrecortadamente, sabía que no iba a durar demasiado. Oía sus propio corazón, afortunadamente en el lado opuesto de la herida, latir muy, muy lentamente. Le pareció irónico que, después de las atrocidades que había cometido, fuese un arcángel el que acabara con su vida.
El cielo seguía mezclando nubarrones negros y rojos. El aire soplaba con fuerza y agitaba su blanca melena. Contempló cómo los ángeles surcaban a su antojo los cielos de un lado para otro. Quiso saber en qué consistía aquella misión que tanto mencionaba Gabriel. Perdía la visión ahora, ya se acercaba el fin. Sólo pudo pedir perdón… No se sabe a quién.

Oscuridad.

Silencio.

Nada.

¿Así moría?

¿Así era la muerte

Fin del Año del Dragón.

 


 
 
12 September 2010 @ 08:33 pm

 

Oyó algo estando en la nada…
… La voz más hermosa de todas. Alguien estaba allí…
Su tacto era frío como el hielo… Su voz. Su voz era perfecta. ¿El cielo?

- Nowe… –le llamaba. – Nowe…

Se preguntó por qué una voz así decía su nombre, precisamente el suyo. De nuevo notó el frío tacto que acompañaba a esa voz de mujer. Notó en su pecho algo que no supo descifrar, no sabía si era dolor o alivio. Su corazón, afortunadamente en el lado opuesto…, latía. Volvió a latir, cada vez con más fuerza. ¡Increíble! ¡Otra vez! Algo estaba… brotando.
Al fin descubrió qué era lo que sentía, al fin halló la respuesta: VIDA.
Despertó y gritó. Gritó con fuerza, lleno de rabia pero, sobretodo, de vida. Miró a los lados, no estaba en Denerim ni en los alrededores, más bien parecía una cueva bien decorada. Cuatro candelabros colocados a cada lado de la cueva, una alfombra color carmín en el centro, telas colgadas por casi toda la pared, una hoguera al otro extremo, una puerta de madera bloqueando la salida. ¿Dónde estaba?
Miró su pecho, estaba vendado y no había rastros de sangre. Se arrancó las vendas… no quedaba salvo una cicatriz más en su colección. Él juraba que la espada de Gabriel le había atravesado de lado a lado. Con una herida así lo último que esperaba era… observar una cicatriz. Él hubiera jurado que había muerto. Sintió la muerte, o algo que merecía ser llamado así.
Trató de moverse, le dolió. Ya se imaginaba que no quedaría solo la cicatriz… Se levantó de todos modos de la cama en la que yacía. Contempló que había bastante sangre por el suelo, supo que era suya. Estaba claro que alguien le había curado, alguien con una voz hermosa y un tacto frío como el hielo. Intentó caminar pero el dolor le dio otra punzada, cayó de rodillas. Vio su espada y su cinto, con todos sus accesorios, cerca de la hoguera. Se preguntó si debía darle las gracias a la persona que le había salvado… Testarudo, se levantó y caminó con torpeza hacia la hoguera. No tardó en volver a caer por el dolor de la herida, cuanto más se resistía más notaba arder la cicatriz. Maldijo al arcángel con todos los insultos que conocía.
La puerta se abrió, Nowe dirigió allí su mirada en el acto. No había nadie pero juraría haber oído un fuerte sonido de viento. Entonces volvió a sentir aquel frío tacto, mas ahora también se le antojó suave y delicado. Aquella fría mano se posó en su hombro en un vano gesto tranquilizante. El peliblanco se volteó tan rápido como le fue posible para observar al fin a su salvadora.
Ya no quedaba duda alguna… El frío tacto, la rapidez con la que había entrado en la cueva, la belleza sobrehumana… Aquella mujer era una vampiresa. La más hermosa de las mujeres que el héroe había visto jamás. Tenía el aspecto de una joven de menos de veinte años, Nowe intuyó que tendría por lo menos más de treinta, de cabellos rubios, lacios, perfectos. En su rostro no había imperfección alguna, más bien todo lo contrario. Labios rosados, tez pálida en general, nariz lisa y muy levemente respingona, ojos… Para sus ojos no encontraba descripción adecuada, quedó fascinado como un bobo. No se atrevió a decidir si eran de color azules o morados. Era consciente de que los vampiros eran hermosos por naturaleza… pero nunca antes había quedado impresionado por ello. 

 

- ¿Quién eres…? –Preguntó, no podía dejar de mirar sus ojos.
- No deberías haberte levantado, Nowe –su voz encajaba a la perfección con su aspecto, suave y grácil–, no te has recuperado del todo. Aunque admito que progresas mejor de lo que esperaba.
- ¿Por qué me has salvado a mí?
- Vuelve a la cama, por favor. Hablaremos por…-
- ¿¡Qué ha pasado!?

La mujer suspiró. De repente Nowe sintió una sacudida. Estaba en la cama antes de parpadear siquiera. La vampiresa seguía a su lado, pero ahora sentada en un taburete a su lado. Nowe la insultó en su mente por haberle mangoneado así.

- No es nada cortés insultar a tu salvadora… ¿no crees?
- ¿¡Qué!? –se sorprendió. – ¿Lees la mente o algo así?
- De hecho, así es –sonrió secamente.
- Tsk… Pues ya que mencionas la cortesía, tal vez te apetezca responder a mis preguntas ahora que ya estoy en la dichosa cama.
- No tengo ningún inconveniente ahora, Nowe. Con un poco de reposo, solo un poco, estarás bien.

Nowe resopló mientras apoyaba la cabeza en la almohada. Detestaba ser él el que necesitara ser cuidado. Estaba acostumbrado a salvar vidas, pero en muy escasas ocasiones había sido salvado él. Se medio incorporó apoyándose contra la pared de la cueva. No iba a permanecer tumbado como un enfermo. Volvió a las preguntas.

- Dime quién…
- Puedes llamarme Kyrie. Te he salvado a ti porque no debes morir. Respecto a qué ha pasado… Es demasiado difícil de contar. Mañana por la mañana podrás verlo tú mismo.
- No, dímelo… ¡Ahora! ¡Ugh…!

Llevó su mano a la cicatriz. Maldijo una vez más a Gabriel por inflingirle tamaña herida y haberle dejado así. En su estado sabía que no podría hacer nada contra la vampiresa, aunque tampoco quería realmente hacerle nada, solo ansiaba conocer las respuestas.

- Mañana podrás caminar, saldremos fuera y hablaremos de lo que tenemos que hablar. Sé que aún tienes más preguntas…, pero todo a su tiempo. Tienes un destino que te reclama.
- ¿Un… destino? No existe el destino, mujer, solo la libertad.

Kyrie no respondió. Para cuando Nowe quiso darse cuenta ella se encontraba frente a la hoguera sentada. Supuso que no le iba a decir nada…, no tenía más remedio que obedecerla, esperar y dormir. Cerró los ojos, las pesadillas no tardarían en empezar. Angeal fue el primero en aparecer…

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El cielo se imponía oscuro, tan oscuro como le era posible a esas horas de la madrugada. El sol aún tardaría un poco en ponerse para crear un nuevo color en el firmamento. Kyrie había despertado a Nowe en mitad de la noche y le había pedido que le acompañara fuera. Él la siguió, ya podía caminar aunque todavía le dolía. La mujer trepaba y saltaba con gracia la montaña, quería llegar arriba del todo, decía que allí hablarían, que allí vería la misión de Gabriel. Nowe la seguía a su ritmo, no estaba en condiciones de saltar, por lo que le quedaba trepar con torpeza, ayudándose siempre con ambas manos. Así lo quería, de ninguna manera hubiera aceptado ayuda. Su intriga crecía a medida que iban subiendo hasta que finalmente llegaron a la cima. Al fin tierra firme y llana. Desde la cima tenían una vista privilegiada, podían abarcar con la vista tanto como les era posible, sobretodo a ella. Mas el paisaje no era agradable, no después de lo sucedido, de la lluvia de meteoritos que causaron los ángeles.
Nowe se acercó a Kyrie, que estaba en el borde de un peñasco que sobresalía. Ella vestía únicamente con un vestido corto, casi parecía un camisón, muy ligero y de color blanco. Se percató de que estaba descalza, claro que ella no sentía frío alguno. La observó primero a ella, melena al viento y mirada perdida en el horizonte, luego, enfadado, miró el desolador panorama. Había fallado.

- El mundo ha cambiado hoy, Nowe.
- Por qué… -quiso saber, apretó los puños viendo las feroces llamas que aún envolvían Denerim a lo lejos.
- Porque Dios así lo ha creído oportuno. Porque dice ser el padre de todos y dice que se ha cansado de la maldad, por lo que ha enviado a sus ángeles a restaurar el equilibrio. –No parecía haber sentimiento en sus palabras, pero sus ojos expresaban la verdad.
- Dios… Es el único de los dioses que se cree el único y verdadero dios. Tiene una legión de ángeles y, así sin más, decide arrasarlo todo. Y les he fallado…, no he salvado a nadie, no he hecho nada. He perdido contra un único hombre.
- No era un hombre, Nowe. No estabas preparado para luchar contra alguien como Gabriel. No sabes el poder que tiene…
- ¡Me da igual! ¡He vencido a Ogros, dragones, lobisomes, mantícoras, serpientes marinas y muchas criaturas más! ¡Tendría que haberle derrotado a él también!

Kyrie agarró a Nowe por el brazo, él se sorprendió, lo movió tratando de apartarle, ella no cesó el agarre.

- No es culpa tuya, Nowe… Simplemente esta vez no podías salvar el mundo.
- O sea que Dios y Gabriel se salen con la suya, ¿no? Han aniquilado hombres, mujeres y niños y seguramente infinidad de criaturas de todo tipo para restaurar el equilibrio… Se salen con la suya… Ahora el mundo les temerá mucho más, se doblegarán ante el que dice ser el único Dios. No hay derecho… Solo porque llegaron antes a este mundo… ¡No hay derecho!
- El mundo volverá a nacer. El ser humano tiende a sobreponerse a todo. Tú eres la prueba palpable de que nosotros…, quiero decir, vosotros los humanos, no conocéis límites cuando la voluntad os guía. –Sin soltarle el brazo, caminó por el peñasco hasta colocarse frente a Nowe. Clavó sus preciosos ojos color azules, o morados, en los azules y tristes ojos del albino. –Tú… tienes un gran destino.
- Basta, ya basta… Dime por qué me has salvado. Dime qué quieres de mí.

Kyrie le soltó, se dio la vuelta y volvió al borde de la roca. El viento agitó todavía más su melena y su camisón. Una imagen digna para que un artista la pintara en otra situación. Había tanto que contar…

- Al igual que tú, Nowe, yo destaco entre los míos. No tengo un único poder especial…, el destino me ha otorgado varios poderes que puedo utilizar para ayudar a la gente.
- ¿Ayudar a la gente? Nunca he visto a un vampiro de raza superior hacer tal cosa –se quejó.
- Porque tus únicos encuentros con los vampiros rehuían cualquier conversación. Eres el mejor en tu trabajo, Nowe, pero es bastante desagradable…
- Alguien tiene que impedir que los fuertes atemoricen a los débiles, señora. Los tuyos se jactan de ser “superiores”, se alimentan de humanos, los consideran su ganado. Es por eso que cuando los visito no intercambiamos palabras, porque sé lo que sois y cómo sois.
- Es complicado, Nowe. Bien sabes que no todos somos iguales… Tú eres un cazador excepcional, viajas a todas partes ayudando a la gente sin pedir recompensa, pero… te mueves guiado por el odio, buscas reconocimiento y te encanta demostrar que no hay criatura ni raza que pueda superarte. Larga es tu historia aun cuando eres tan joven, pero no te he traído aquí para hablar de eso… Nuestra conversación, si el tiempo no apremiara, se tornaría inacabable. En otras circunstancias accedería encantada a debatir contigo, pero, ahora, si me dejas continuar con lo que quería decirte…

Él bufó. Miró a los lados enojado, se cruzó de brazos, perdió la vista en el horrible horizonte. Encontró a la Osa Mayor en el firmamento, centró su atención en Kyrie. Le intrigaba, algo la hacía especial.

- Te escucho.
- Gracias. Entre mis poderes hay uno que no puedo dominar… Puedo ver el futuro.
- ¿¡Qué!? –Kyrie le miró, su expresión seguía siendo pasiva pero sin duda quería continuar sin interrupciones. Nowe calló.
- Siempre he intentado usar ese don para prevenir accidentes, para cambiar el curso de la historia si era necesario, como ahora. Pero en todos mis intentos muy pocos han podido ser alterados. El destino a menudo es inalterable… Sí, sabía que los ángeles iban a descender de su reino para azotar al mundo por haberlo contaminado tanto. Estudié todas las formas posibles para poder cambiarlo… pero mi corazón se llenó de tristeza cuando supe que no podía, cuando supe que ni siquiera tú podías cambiarlo. Resulta que este don que tengo es una maldición, pero después de lo que he visto… me he llenado de esperanza.
- ¿Y qué has visto? –No pudo aguantar, le intrigaba descaradamente.
- En el futuro hay una constante.
- ¿Una constante…?
- Tú. Te busqué a ti de entre todos los que necesitaban ayuda porque he visto lo que serás dentro de muchos años… Me apena el hecho de que ese futuro sea tan lejano… y de que no puedo hacer que suceda antes, pero tú estabas en todas mis visiones del futuro. Conozco tu destino, Nowe, y es asombroso lo que llegarás a ser.
- Espera… No entiendo nada, ¿me has salvado porque crees que tengo un destino que cumplir?
- No lo creo, lo sé. He salvado al hombre que puede salvar a más personas.
- Hmm…

Nowe la obligó a mirarle. Ella seguía con la misma expresión de siempre, pero ahora sus ojos resaltaban más que antes su tristeza, y no solo eso, había algo más. Estaba claro que no mentía, él estaba por creerle… pero el destino le parecía injusto y estúpido. Un hombre tiene derecho a crear su propio camino, es lo que pensaba.

- Hay algo más, ¿verdad? –preguntó, ella no apartó la mirada, no temía nada.
- Siempre hay algo más, héroe…
- Dímelo, por favor, Kyrie.

Al fin un cambio de expresión: una sonrisa inocente. Más inocente de lo que hubiera esperado jamás, casi melancólica. ¿Triste? No entendería el por qué de ser así. Ya le estaba costando asimilar que la mujer conocía su destino, le costaba asimilar que, por lo visto, iba a vivir mucho, mucho más. Pero ahora, aun con todas las intrigas, quería saber el otro motivo que escondía su salvadora conocedora del destino.

- Hay algo más –admitió–, algo que me involucra personalmente. –De repente posó sus manos en los hombros del guerrero. Se aferró a él. –Nowe… tu destino está ligado al de otra persona.
- ¿Q-qué…? No…, no puedes decirme que mi vida se unirá a la de otra, yo siempre estaré solo. Así es como debe ser para alguien como yo. Es mi legado. Yo…

No pudo terminar la frase. El sol había despertado, casi ni se había enterado sumido en la conversación más profunda y extraña de su vida. Los primeros rayos de luz tiñeron el cielo de un color anaranjado, pero había algo que eclipsaba la belleza del amanecer. Era Kyrie. Su piel, bajo la luz del sol, brillaba como miles de diamantes relucientes. Era, con diferencia, una de las imágenes más hermosas que había contemplado jamás. Ella seguía con sus frías manos posadas en sus brazos, acostumbrada al efecto que tenía el sol en la piel de los vampiros. Para Kyrie, el brillo similar al de los diamantes, era su verdadero aspecto, lo que era. Para Nowe era preciosa.

- La espada del destino tiene dos filos… -habló Kyrie rompiendo el silencio. –Uno eres tú…
- El otro es la muerte –terminó Nowe.
- No… -y sonrió, curiosamente sonrió. ¿Podía existir algo más bello ahora? –El otro es mi hija. La muerte no tiene nada que ver.
- ¿Tu hija? ¿Qué tiene que ver conmigo?
- Nada, nada en absoluto… de momento. ¡Es todo muy complicado! Te lo cuento ahora porque me espera un viaje que se demorará siglos, te lo cuento porque no voy a volver a verte, Nowe Drakengard.
- No comprendo…

Kyrie rió, Nowe hubiera hecho lo mismo de no ser porque no acostumbraba a hacerlo. Su risita le embaucó aún más. Ella se apartó el flequillo que le empezaba a cubrir un ojo, apoyó sus manos en la cintura. Nowe seguía atónito, parecía estar hipnotizado.

- Nadie más que tú merece conocer su destino. Lo que ha empezado Dios y Gabriel está destinado a durar décadas. Eso e infinidad de cosas obstaculizarán largo tiempo tu camino. Jeh… Legacy. –Volvió a sonreír, pensando en voz alta. Él no lo entendió.
- ¿Legacy?
- Largo es el camino hasta que ese nombre te sea reconocido, amigo.
- El destino, ¿verdad?
- Lo vas entendiendo, me alegro.
- No me queda otra… Sé que dices la verdad, de un modo u otro, aunque no alcance a comprenderlo.
- Eso me reconforta. Conforme avance el tiempo mis ahora enigmáticas palabras se irán resolviendo. Comprenderás cada una de ellas y escogerás la mejor de las decisiones. No quiero que pienses que tienes una misión legendaria que cumplir… solo…, yo solo te lo cuento porque así debe ser. Ojalá pudieras ver lo que yo para comprender el mundo que he visto.
- Kyrie… –Esta vez posó él su mano en el frío, suave y perfecto hombro de ella. –Te creo. Si es cierto que no volveremos a vernos…, aguardaré. Seguiré mi camino hasta que ese destino que has visto se presente a mí. ¿Te parece bien o… no está eso escrito?
- Jeh… Me parece bien. Gracias por comprenderlo.
- No imagino lo difícil que ha debido ser para ti llegar hasta mí. Lo difícil que ha de ser ver… todo lo que ves. Si yo me hago responsable de cada vida que siego o de cada vida que no puedo salvar…, no logro imaginar el peso que soportas tú. Kyrie, nunca antes había conocido a nadie que se pareciera minimamente a mí. El sentimiento es curioso.

Ella no lo podía creer. Estaba sucediendo. Un atisbo del Nowe que el futuro le había presentado. Un atisbo del Caballero Oscuro… De nuevo lamentó que no pudiera volver a verle después de contarle todo. Le hubiera hecho muy feliz esperar a través del tiempo para conocerlos a los dos. A la Bella y a la Bestia. Tantas imágenes en su cabeza le turbaban el pensamiento, debía acabar rápido. Así debía ser, era otra de las cosas que no podía cambiar…

- Para mí es un placer y un honor… haberte conocido al fin, héroe. Hay una última cosa que debo decirte…
- Adelante, Kyrie. Digas lo que digas, no lo olvidaré.

Nowe no lo pudo creer, Kyrie comenzó a llorar. Lágrimas que no comprendía recorrían su rostro, mas la sonrisa no cesaba. ¿Qué sentimiento era aquel? ¿Cómo podía soportar conocer el futuro y estar allí, frente a él, contándole sólo lo necesario, lo que necesitaba saber para que cuando llegue el momento esté preparado? Tal y como aseguraba ella, lo comprendería con el transcurso del tiempo…, pero lo cierto es que se sintió mal por no entenderla.

- Se supone que no debería hablarte de ella, pero… Necesito, no, QUIERO, hacerlo. ¡Nowe! Tengo un último deseo.

Él no dijo nada, le era imposible interrumpirla esta vez. ¡Por todos los dioses, ella era la voz de la razón, una mensajera de SU destino! No…, era algo más, ¿verdad? Kyrie era algo más…

- Cuida de ella, por favor. Cuando la conozcas, cuando la salves de los pecados de su padre…, cuida de ella, te lo ruego. Podrías simplemente salvarla y seguir tu camino, pero desearía de todo corazón que esa visión en la que os veía a los dos…, jajah, en la que os veía comiendo pizza…, se cumpliera. Ella lo será todo para mí.
- ¿Pizza? ¿Qué es…? No, ¿quién es ELLA?
- El otro filo de la espada del destino, Nowe. Yo os he visto juntos, pero de ti depende seguir el sendero que te conduzca a ella. Por eso te lo pido, por eso quiero que cumplas ese deseo mío. Ambos… podréis completaros.

Nowe no tenía palabras. No sabía siquiera si se acordaría de todo al cabo de tanto tiempo, pues estaba claro que Kyrie hablaba de un futuro demasiado lejano. ¿Debía dar por sentado que viviría lo suficiente para contarlo? Ella tenía razón, era muy complicado. Todo. El destino es complicado. Kyrie le pedía seguir el camino que había visto, pero eso significaba que existían otros caminos a tomar, o sea que el destino se lo forja uno, después de todo.

- Por favor, dime quién es ELLA, dime quién es mi destino. Dímelo y, cuando llegue el momento, cumpliré tu último deseo.
- Aiko –sus ojos se llenaron de ternura, seguían húmedos y brillantes –, se llamará Aiko. Sus ojos te recordarán a los míos que tanto miras.
- Aiko… -repitió, grabando el bonito nombre en su memoria, un nombre que no olvidaría jamás.
- Ahora, amigo mío…, ya me quedo más tranquila.

Y las lágrimas se desvanecieron. El sol seguía saliendo, tímido, sin prisa, haciendo relucir insaciablemente a Kyrie. El héroe intuyó su despedida, la conversación había acabado. Seguía en un mar de dudas, pero era consciente de que ambos debían seguir donde lo habían dejado. Quedaba advertido, pese a todo. Gabriel volvería, eso era seguro. El mundo seguiría, eso era seguro. Él perduraría… No sabía quién era él.
Kyrie le acarició el rostro. Nowe la miró, la comprendió, no quería que se fuera pero no iba a impedirle su marcha. Estaba extrañamente satisfecho.

- Eres increíble. Recuerda una cosa más, Nowe de Drakenland… Todos merecemos una segunda oportunidad, la redención estará a tu alcance cuando la persigas.
- Kyrie…
- Ha sido un auténtico honor haberte encontrado después de tanto tiempo.
- Ha sido un honor haberte conocido…

Kyrie, la mujer que tenía todas las respuestas y no podía darlas todas, la que soportaba el peso de la tristeza por conocer el futuro, la que le habló a Nowe de su destino, el que podía crear, comenzó a descender por el camino de la montaña. Él no se movió.

- Nowe –le llamó al poco de alejarse –, antes dijiste que el destino no existe. ¿Es posible que ahora sí creas?

Se dio la vuelta. Curvó sus pálidos labios formando media sonrisa.

- Creo en algo más.
- Cada hombre tiene una misión que cumplir en la vida… Que la tuya sea hacer el bien…
- Kyrie…

Se marchó. Desapareció, él aún veía el brillo que su piel emanaba, pero no estaba, ya no. Miró al horizonte sumergido en una marea de dudas, preguntas y misterio. Aiko, pensó, ¿quién serás?
Tocó su cicatriz, movió el brazo y posteriormente el hombro. El dolor había desparecido… Había mucho que hacer. El mundo debía seguir, tenía un largo camino… Llegado el momento, sabía que se encontraría con las predicciones de Kyrie, pues todas las palabras quedaron grabadas en su memoria…

Amaneció. Tercer día del Año del Dragón. Era 15 de febrero…

El mundo seguía. Después de conocer su destino, el sol se puso de nuevo.



 


 
 
Current Location: Go to the New World
Current Music: I Am The One - Inur Zur
 
 
20 February 2010 @ 11:29 pm

Hermandad

 

Italia, año 1476. Siglo XV. La era del Renacimiento. Una época considerada como el renacer del hombre.

Amanece una nueva era para Italia. Arte, cultura y ciencia, florecen bajo la tutela de mentes iluminadas. Pero entre las sombras, lejos del oro y la sabiduría, se oculta otra verdad. Corrupción, traiciones, asesinatos…, secretos. Un cuantioso grupo de vampiros conocidos como los Excellenti conspiran contra todas las casas nobles para quedarse con su poder. Los tiempos siguen cambiando. Cada vez menos razas lo habitan, pero la guerra…

La guerra no cambia nunca.

 

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· Florencia. Palacio de los Excellenti. Salón principal.

 

La sala oval gozaba de un diseño único y precioso. Toda la pared tenía un único cuadro que rodeaba el salón con dibujos de caracteres religiosos. En el centro del salón, seguido de unas escaleras de mármol, se encontraba el trono del líder de los Excellenti, Giovanni Di Ferremo. Vestía con un traje oscuro con diversos grabados dorados por todo él, unos impecables guantes blancos y un único collar de oro con el símbolo de su hermandad. Como todos los vampiros de su clase, era hermoso. De blanca piel, fino rostro y un porte sobrehumano. Su larga melena castaña estaba perfectamente recogida hacia atrás, lo cual permitía apreciar su rostro impasible, casi apagado, mas sus ojos rojos parecían centellear furiosos.

El noble Giovanni miraba en absoluto silencio a las personas que habían atentado contra su vida hacía unos instantes. Las mismas personas que, la noche anterior, habían matado a varios de sus hermanos. Reteniendo a sus prisioneros se encontraba la élite de los Excellenti. El más grande, que retenía al preso de cabellos blancos junto a cinco hombres más, se hacía llamar Tigre. Vestía un impoluto y elegante traje negro. Otros cinco vampiros más retenían a la compañera del famoso Cazador Albino, Aiko Moriyama que, al igual que ellos, era un vampiro. La expresión de la chica era triste, sus ojos parecían estar a punto de soltar un mar de lágrimas. No paraba de mirar al que consideraba su hermano una y otra vez. Y es que a ella apenas la habían torturado ni golpeado, pero él se encontraba lleno de sangre y contusiones. Al lado de Giovanni apareció su mujer, haciendo gala de su belleza y del rico vestido que llevaba. Ni siquiera Aiko había visto nunca a unos vampiros tan elegantes… Todos ellos eran extremadamente nobles de aspecto. La mujer, Angela, tenía una expresión odiosa. No dijo nada, simplemente se mantuvo al lado de su marido, el cual, al fin, se levantó.

- Nowe Drakengard. –Citó, su voz resonó por la sala, el interpelado le miró. –Al fin nos conocemos en persona.

- El placer es mío. –Interrumpió. Tigre le dio un puñetazo al instante.

- No vuelvas a interrumpirme, asesino. –Sonrió. –Como decía…, al fin nos vemos las caras. He oído tantas historias sobre ti… Una infinidad, a decir verdad. Recientemente oí el rumor de que fuiste el responsable de extinguir a los dragones. ¿Es eso cierto?

- Sí. Y también voy a extinguir a los Excellenti –entre su ensangrentado rostro, Giovanni vio sus ojos azules -…hoy, antes de que anochezca.

Tigre fue a golpearle, pero Giovanni le detuvo. Soltó una leve y forzada carcajada. Antes de decir nada, con una sonrisa en su blanco rostro, miró a la joven.

- Bien, ignorando tu patética predicción, pasemos al tema principal… ¿Quién os ha enviado a matarme?

- Nadie. –Respondió Nowe sin dudarlo.

- ¿Seguro? Tengo entendido que últimamente has ofrecido tus servicios a las nobles causas, a luchar contra la injusticia y liberar ciudades enteras de la corrupción y tiranía. Aquí la gente es idiota… La mayoría creen que los Excellenti somos vulgares asesinos, como tú, y que aspiramos al poder de la política. La verdad es que están muy equivocados. Sí, es cierto que tenemos constantes disputas con las otras casas, pero todo lo hago por el bienestar de toda Italia. Si yo controlo todo…, tendrán la paz que desean.

- No eres distinto al resto de vampiros…-Dijo Nowe en un susurro involuntario, mas estaba débil y le costaba incluso hablar.

- ¿Cómo dices? Explícate.

- Eres patético, Giovanni Di Ferremo. He conocido a cientos de vampiros de tu raza que trataban de ocultar sus macabras acciones con vanas mentiras tales como la “salvación” del reino o, en este caso, Italia. Yo sé la verdad, no es difícil averiguarlo… pues eres como el resto. Si te haces con el poder, no pasarás hambre en una muy larga temporada. Serás el rey que deseas ser y estarás orgulloso de controlarlo todo.

Durante unos segundos todos pudieron ser testigo de la expresión incómoda, frustrada y odiosa de Giovanni. Nowe le había leído como a un libro abierto y su molestia no pudo ocultarse. Dejó de ser tan cortés.

- Muy bien, Nowe… -Tomó aire.- Ahora vas a decirme dónde habéis escondido los manuscritos del clan Excellenti. Dímelo ahora mismo, ya me he cansado de tus palabrerías…

- Los manuscritos del plan de los Excellenti, ¿verdad?

- No te hagas el tonto, no te lo recomiendo. Los robasteis en vuestra incursión de ayer. Dime dónde están.

- Bueno… -Nowe sonrió. –Vete al infierno.

Giovanni torció el gesto disgustado, aunque tampoco esperaba la colaboración del albino, a decir verdad. Retrocedió unos pasos y se llevó la mano a la boca, como si se le hubiera ocurrido algo y pensara en ello. Su rostro de molestia cambió a ser pasivo, más bien pícaro, pues aquella sonrisa no auguraba nada bueno. Juntó sus manos al llegar a una decisión y sonrió aún más. Con un gesto de mano hizo que su esposa le prestara atención.

- Angela, querida… Haz que nuestro invitado sufra.

La mujer, inexpresiva, únicamente miró a Nowe y pronunció la palabra “dolor”. Tigre y el resto de la élite que rodeaba al asesino retrocedieron de inmediato. En el instante en que dicha palabra fue pronunciada, Nowe sintió un tremendo dolor en todo su cuerpo. Apretó los dientes, contrajo sus músculos y se encogió. Los ojos de Angela brillaban con el color de la sangre. Nowe levitó, se alzó del suelo sintiendo el gran dolor que le invadía.

-¡Basta! ¡BASTA! –Gritó Aiko, sufriendo por Nowe.

Tras unos segundos, Giovanni ordenó a su mujer que cesara el dolor del peliblanco, el cual cayó derribado al suelo en cuanto ésta apartó la mirada. El líder de los Excellenti fijó su atención en la joven y hermosa prisionera.

- Intuyo por la pasión de tus gritos que estás dispuesta a colaborar para así evitar que tu amigo sufra, ¿cierto?

Aiko, sollozando, pensando en una respuesta rápida, miró a Nowe, que seguía en el suelo respirando con dificultad, antes de decir nada. Vio como éste le negaba con la cabeza, no quería que les dijera la ubicación de los manuscritos. Aiko dudó, no quería ver cómo aquel al que consideraba su hermano sufría más…, pero tampoco quería fallarle. Optó por mentir a sabiendas de lo difícil que era hacerlo con los de su estirpe.

- Lo… enterramos a las afueras de Florencia, cerca de San Gimmiano…

- Miente. –Alegó raudo Tigre, completamente convencido.

- Mi bella Aiko… -Dijo Giovanni casi en un susurro, moviéndose lentamente cerca de su trono. -¿Cómo es posible que le seas tan fiel a un humano como ese? Sabemos que desde muchos años atrás este ser ya se dedicaba a matar a todas las razas que le venían en gana. Muchos de nuestros hermanos temen su nombre, ¿te lo puedes creer? Sometidos… por un simple… humano. Es despreciable. Tú eres una vampiresa de raza superior, como nosotros, por eso no deberías doblegarte, ni mucho menos temerle, a aquel que ha dado caza a tus hermanos. Olvidemos los manuscritos, centrémonos en ti. Los Excellenti estarían encantados de recibir en su casa a alguien de tu… linaje. Oh, sabemos mucho de ti y de tus habilidades. –De repente su voz se tornó ansiosa. –Únete a nosotros y te prometo una vida digna de nuestra estirpe.

La hermosa expresión triste de Aiko se había convertido en una de asco y odio ante el discurso de Giovanni. Los despreciaba, y sus ojos dorados lo demostraban.

- Yo solo tengo un hermano… -Dijo claramente. –Se llama Nowe.

- Vas a lamentar eso.

Giovanni se enfureció, se dispuso a ordenar a su esposa que le hiciera lo mismo que a Nowe, mas el Cazador Albino se adelantó para evitarlo. Sin que ninguno de los presentes pudiera esperárselo, Nowe se abalanzó contra Giovanni y lo derribó. Alzó su puño para hundirlo en su fino rostro, pero Tigre, haciendo gala de la velocidad racial de los vampiros, apareció a su lado y le agarró del brazo. Con un brusco movimiento, lanzó a Nowe al otro lado de la sala. Patinó por el suelo hasta chocar contra la pared bajo un largo banco de cuidado mármol. Tigre ya le estaba esperando allí, de un puñetazo destrozó el banco y golpeó a Nowe en el pecho. Le agarró del cuello antes de que pudiera quejarse siquiera. Lo levantó y se dispuso a estrellarlo de nuevo, pero Nowe reaccionó y se liberó del agarre golpeando con un rápido codazo el duro rostro de su rival y dando una voltereta hacia atrás en el aire para zafarse del agarre. Al incorporarse, un vampiro trató de interferir en el combate flanqueando a Nowe, mas solo le hizo falta darle una potente patada al inútil valiente, previendo sin problemas sus movimientos, para derribarlo. En ese mismo instante, Aiko trató de atacar a Giovanni y a su esposa, pero antes de que pudiera cruzar la sala en un fugaz movimiento, otro vampiro ya le había agarrado por el brazo y rodeado su cuello amenazando con quebrarlo al menor movimiento.

Entretanto, Nowe se enzarzaba con Tigre en un complicado forcejeo por bien quién lograba agarrar a quién. El corpulento vampiro contaba con la ventaja de que su rival ya estaba herido, por lo que esquivaba todos los golpes y su agarre resultaba mejor y más difícil de evitar. Recorrieron así unos metros de la sala hasta que Nowe logró retener con sus dos manos un brazo del vampiro; por un momento parecía que iba a lograr contraatacar pero, al intentarlo, Tigre volvió a hacer acopio de su fuerza y velocidad superior y, de un fugaz movimiento, lanzó a Nowe por los aires. Antes de que éste cayera al suelo, allí estaba de nuevo el vampiro, que lo agarró del cuello para estrellarlo contra el suelo con gran fuerza. El impoluto azulejo se quebró alrededor del Cazador Albino…, se agrietó ante el brutal impacto sufrido. Aiko abrió los ojos de par en par, el dolor igualaba al odio que sentía en aquel momento.

- Ugo, ¿no es lamentable que nuestro invitado te haya derribado de una sola patada aun estando débil como lo está? –Giovanni se encontraba en pie con las manos juntadas y su habitual rostro impasible, como si no le hubiera enfadado el hecho de que también lo había derribado a él. El vampiro no respondió. Giovanni miró a Aiko. –Como te dije… Vas a lamentar eso. ¿Angela?

- ¡¡¡NO!!!

Nowe, a una velocidad increíble, se levantó una vez más y, puesto que era consciente de que no volvería a llegar hasta Giovanni, se abalanzó contra el implacable Tigre. Cayó sobre él y logró darle dos puñetazos, aunque Nowe supo que su fuerza actual no era suficiente para lograr dañar a tamaño vampiro. Tigre se colocó detrás del peliblanco en menos de un segundo, lo agarró con fuerza por la cabeza y lo alzó por completo del pavimento. Lo pasó por encima de él y lo estrelló con más potencia que las anteriores veces contra las escaleras de mármol destrozándolas por completo. El aparente vencedor agarró nuevamente a Nowe y lo sacó de las escaleras, le obligó a permanecer de rodillas, aunque hasta eso le suponía esfuerzo en su estado.

- ¡No, no! ¡Basta por favor! ¡Dejadle!

Reinó el silencio por un momento. Tigre se alejó unos pasos de su persistente rival y juntó sus manos entrelazando los dedos adoptando una postura inamovible e imponente debido a su tamaño. Angela no había cambiado su expresión en ningún instante, el resto de la élite vampírica también aguardaba en silencio, mientras que Giovanni era el único que parecía entretenerse con la situación.

- Qué emocionante, ¿no te parece? Tigre es sin duda alguna un luchador infalible, un orgullo para nuestra raza. ¿Eso no te dice nada, Aiko? Ese al que llamas “hermano” es un humano como otro cualquiera. Puede que realmente sea inmortal, como dice la leyenda, pero humano al fin y al cabo. –Su expresión cambió de nuevo, ahora mostraba irritación. –Te lo pondré más fácil aún… Dime dónde están los manuscritos y a ti te dejaré marchar.

El vampiro que retenía a Aiko aflojó el agarre. La bella no podía parar de mirar a Nowe, malherido y postrado, débil. Nunca lo había visto así.

Ni podía ni quería traicionarlo, por lo que fue a responder con otra negativa, pero vio cómo Nowe le miraba intensamente con sus característicos ojos azules. Ella no apartó la mirada, sabía que Nowe no iba a rendirse, sabía lo que aquella mirada significaba. “No hagas nada estúpido, déjamelos a mi”, le decía. Esta vez se equivocó.

- ¡Aiko, cúrame! ¡AHORA!

Al mismo tiempo que todos los presentes, menos Angela, se sorprendían por las repentinas palabras de Nowe, Aiko le dio un rápido cabezazo al vampiro que la retenía y corrió hasta su hermano. Tigre se imponía allí, por lo que debía actuar rápido para evitar un combate directo con él. El movimiento del corpulento fue rápido y preciso, un zarpazo directo a la garganta, mas la velocidad de Aiko era superior. Con gracia esquivó el golpe y, haciendo un ataque barrido hacia las piernas de Tigre, lo derribó sin pararse. Posó su suave mano sobre el hombro de Nowe a la vez que propinaba unas certeras patadas a un par de vampiros que se acercaban. Apenas tardó un segundo en concentrarse lo suficiente para sanar levemente las heridas del albino. Ella se disponía a seguir curándole, pero Nowe se incorporó como si la leve sanación ya le fuera suficiente.

- ¡Ve a por la mujer! –Le ordenó raudo a Aiko, puesto que ella era la única capaz de llegar hasta Angela en un abrir y cerrar de ojos. Y así fue.

Giovanni estaba demasiado perplejo y abrumado ante tan inesperado giro en sus planes que no pudo evitar que Aiko estrellara su puño contra su esposa, lanzándola junto con su trono al final de la sala. Entonces Giovanni reaccionó y atacó. Su primer golpe acertó en el rostro de la joven y la hizo flexionarse sobre una pierna, mas Aiko no le dio tiempo a un segundo golpe y se lanzó contra él. Cruzaron parte de la sala hasta chocar contra la pared. Aiko se levantó primero. Giovanni estaba encolerizado, sus ojos rojos centelleaban de ira. Como si fueran garras, lanzó varios ataques que obligaron a la chica a retroceder para evitarlos. Uno de ellos casi le alcanzó, rasgó parte de su camisa de seda cerca del pecho. El siguiente ataque de Giovanni fue a modo de lanza, increíblemente rápido trató de atravesar el corazón de la joven; Aiko envolvió con su brazo el de Giovanni y, agarrando con su mano de libre la melena del noble, le acompañó el rostro hasta su rodilla en un brutal golpe. Posteriormente, tirando ahora hacia atrás de la melena, lo empotró contra el suelo y le rompió el brazo. El crujido del hueso sonó tan fuerte como el grito de su dueño. Otros vampiros fueron a por Aiko al instante…

Nowe estaba listo para cobrarse su venganza contra Tigre, quien ya se había reincorporado y mostraba claros síntomas de ira y frustración. Antes que el corpulento, varios vampiros atacaron a Nowe con ordinarios ataques rápidos –muy rápidos–. Con un perfecto movimiento, esquivó a dos a la vez y hundió con extremada fuerza su diestra contra la cara de uno de los “chupasangres”. Literalmente le rompió la cara, pues se fragmentó como si agrietara una vasija. Después de tamaño impacto, salió disparado llevándose por delante a un hermano. Entonces Nowe se enzarzó en una batalla contra más de seis vampiros que atacaban simultáneamente. La destreza del albino resultaba perfecta. Esquivaba de manera sobrenatural los ataques de criaturas superiores… A menudo lograba contraatacar uno de esos ataques devolviéndoles el golpe con una rápida llave que los derriba de forma inmediata.

Y Tigre intervino más furioso todavía al ver que el hombre al que había estado vapuleando estaba venciendo a sus hermanos. Apareció en el combate agarrando a Nowe del cuello, una vez más, inesperadamente. Para su sorpresa, y también inesperadamente, antes de que pudiera asimilarlo, Nowe le había retorcido el brazo y golpeado en su duro rostro. Aun sin soltarle de su fuerte brazo, el albino, o asesino según los Excellenti, asestó una patada a otro de los vampiros para alejarlo de la pelea. Sin duda planeaba un nuevo movimiento dedicado a Tigre. El corpulento, mucho más furioso si cabía, no iba a permitir que fuera Nowe el que ahora le vapuleara. Para él eso no era posible, no con un humano. Se revolvió tratando de zafarse del agarre…, pero no pudo, por lo que decidió agarrarle él también. Teniéndose ambos sujetos de los brazos, sus rostros apenas estaban a cinco centímetros de distancia mirándose con tremenda ira. El cazador ansioso por devorar a su presa. Pero ahora que las tornas no estaban claras se lanzaba una pregunta al aire… ¿Quién era el cazador?

- ¡Soy el cazador… y tú un mísero tigre! –Se burló Nowe, agarró con más fuerza los brazos de dicho tigre.

- Soy un tigre… ¡y tú un humano, mi comida! –Habló y respondió por primera vez en todo el encuentro. Nowe curvó sus pálidos labios.

- ¿No has oído la leyenda? Soy el Hijo del Dragón… ¡Y para los dragones el tigre no es más que ganado!

Así pues, como el dragón devoró al tigre, Nowe venció en aquel forcejeo e hizo retroceder al vampiro hasta lograr estamparlo contra el suelo. Pero eso no era más que el principio… De un fugaz y rabioso codazo destrozó la cara de otro vampiro más que intentó flanquearle. Raudo, agarró a Tigre por la cabeza e imitó el brutal movimiento que con anterioridad él había sufrido. Apretando sus dedos contra el frío rostro del corpulento, lo deslizó por el suelo hasta alzarlo completamente en el aire para luego estrellarlo con una brutalidad y rabia muy superior a la que hubiera usado Tigre antes.

El suelo de toda la sala se estremeció y, por supuesto, se rompió ante el impacto. No satisfecho aún ni confiado de haber vencido al enorme vampiro, Nowe saltó encima de él para hundir de nuevo su poderoso puño en su rostro… Y lo quebró. Tigre gritó, o más bien rugió. Pero el rugido de un dragón supera el de un tigre, por lo que se oyó mucho más antes de volver a estrellar su puño en la zona quebrada de la cara para destrozarla por completo. Como el mármol roto. Como el dragón que devora al tigre.

Nowe ya había entrado en el frenesí de la batalla, un frenesí que llevaba tiempo poseyéndole y que le hacía luchar como el monstruo que él decía ser. La élite de los Excellenti eran los siguientes.

Entretanto, el combate de Aiko contra buen número de vampiros y el mismísimo Giovanni, que, de hecho, no resultaba demasiado peligroso a pesar de ser el líder, seguía teniendo lugar a varios metros de distancia del albino.

La joven vampiresa tenía una técnica en el combate cuerpo a cuerpo fantástica. En sus numerosas sesiones de entrenamiento con Nowe había demostrado ser una alumna excesivamente entregada, y esa entrega a menudo se manifestaba a la hora de combatir. Su belleza y su aspecto joven –aunque común entre los vampiros– solía hacer que sus oponentes la subestimaran, pero la verdad es que resultaba en cierta parte comprensible, pues nadie ajeno a la infame pareja de hermanos podría sospechar que Aiko Moriyama tenía como maestro al legendario Nowe Drakengard. Había gente que deseaba tener ese privilegio.

La chica apoyó sus manos en el suelo y, comenzando a dar veloces vueltas sobre sí, propinó poderosas patadas a los vampiros que la rodeaban. Giovanni y unos pocos lograron esquivarlas a tiempo, otros recibieron el impacto pero aguantaron, y los más débiles tenían la desgracia de salir disparados y caer cerca de Nowe… Otro zarpazo del líder de los Excellenti acertó, le cortó en la pierna, la hizo caer de rodillas. Saltó hacia atrás a tiempo, alejándose del grupo, ganando distancia para volver a tomar la iniciativa del combate. El corte era superficial, podría curárselo después. Oía los gritos y los golpes a sus espaldas, Nowe parecía tener el combate dominado. Admiraba que pudiera vencer a los vampiros con sus propias manos, estaba orgullosa de él. Giovanni mandó a sus lacayos a por ella. Aiko volvió a saltar, esta vez hacia ellos. Florituras en cada movimiento, golpes contundentes directos a la cabeza. Se abrió paso entre ellos no matándolos, sino noqueándolos con una precisión brillante. Perfecta. La éltie cayó inconsciente contra el afectado pavimento, Giovanni sintió un escalofrío muy humano…

Angela sorprendió a Aiko por un flanco, le golpeó con fuerza en el rostro derribándola. Sangraba por la boca, estaba hecha una furia, sus ojos brillaban más de lo normal. La joven, quejándose, se llevó la mano a la cara mientras se reincorporaba. No contaba con la aparición de la mujer, se había olvidado de ella.

- ¡Mátala! –gritó Giovanni.

- Dolor… -dijo lentamente, con saña, iba a disfrutarlo.

Aiko abrió los ojos de par en par, no había palabras que expresaran el dolor que se sentía. Le invadió por dentro, notó algo, sobretodo por la zona del pecho, que le ocasionaba un punzante, cruel y angustioso dolor. Gritó, no pudo contenerse.

Nowe saltó… Cayó detrás de Angela, la agarró con las dos manos de la cabeza.

- No te atrevas a inflingirle dolor… A ella no –le susurró al oído. Fue lo último que oyó Sintió el dolor en su rostro, su agresor le apretaba con fuerza, luego gritó de dolor, un chillido más bien.

Nowe le arrancó la cabeza sin piedad. Aiko quedó liberada, respiró con dificultad. Sólo Giovanni quedaba en pie ahora. El peliblanco ayudó a su compañera a ponerse en pie.

- Mira, Aiko… -y señaló a Giovanni-, un vampiro con miedo.

- No es para menos, llegó su fin.

- E-espera, podemos hablar todo esto… ¡Podéis quedaros el dichoso manuscrito! ¡Que Italia sepa la verdad! Dejadme ir y no volveréis a verme, lo juro…

Nowe no dijo nada. Miró a su acompañante, ella supo lo que decía esa mirada. Se acercó pues a Giovanni, él retrocedió. Nowe llamó a Giovanni, le distrajo… Cuando miró hacia él, Aiko le rompió el cuello en un instante. Miró a su hermano, ambos asintieron. Había acabado… Se dispusieron a rematar a los que quedaban, debían cortarlos en pedazos y quemarlos. Al final acabaron prendiendo fuego a toda la sala.

>

Caminaban por las calles de Florencia, no tenían pensado quedarse mucho más, tenían cosas que hacer, más asuntos que atender. Los Excellenti no eran sino el principio de una conspiración para controlar Italia. Los manuscritos ya habían sido descifrados, por lo que sabían dónde y a por quién ir en siguiente lugar.

Nowe había recuperado su espada y su extravagante ropa, que era objetivo de miradas allí por donde pasaba. Y es que aquella ropa la había conseguido en tierras muy lejanas, por lo que no encajaba con la gente del lugar. Aiko, en cambio, se había comprado ropa a los pocos días de llegar, aunque se veía obligada a usar una capa y llevar una capucha para pasar desapercibida a la luz del sol.

- Dime, Nowe… ¿Seguro que te encuentras bien? –preguntó sin detenerse.

- No deberías dudar de la capacidad de tus poderes… Estoy bien.

- Vale, pero es la última vez que hacemos algo así, ¿entendido? –Él le miró incrédulo, no hizo falta que le contestara. Llegaron a la zona del mercado. -¿Crees que hemos acabado con el linaje de los Excellenti?

- Eso espero.

- No pareces demasiado preocupado. Eres consciente de que a poco nos matan, ¿no?

- Totalmente, Aiko.

- Oh, cielos… Tienes un plan, ¿a que sí?

- Sí.

- ¡Lo sabía! Y de nuevo no me has contado nada. –Suspiró, no sabía si enfadarse con él o elogiarle. –Muy bien pues, ¿me lo cuentas?

- No. Cuando lleguemos te lo diré todo.

- O sea que hay un cambio de planes… Ahh, no me cuentas nada nunca…

Él se detuvo, la detuvo a ella también. Le obligó a mirarle.

- Confía en mí.

Nowe Smile
 
 
Current Location: Florencia - Italia
Current Music: Assassin´s Creed II
 
 
04 October 2009 @ 10:46 pm

The world needs Nowe


Alteración antinatural


>> Siempre que puedo observo la ciudad desde un edificio alto… Observo a esas insignificantes personas que viven una asquerosa rutina y son simples, egoístas, codiciosos, lujuriosos… No saben nada de lo que es y ha sido este mundo, la mayoría ignoran incluso el hecho de que existen criaturas que ellos consideran ficticias. Son unos seres realmente… aburridos. Hace ya mucho tiempo que me cansé de los humanos en sí, pero hay algo que nunca ha cambiado a pesar de todo eso, algo que me da fuerzas.

Siempre les protegeré de todo mal. Les salvaré. Aunque vivamos en un mundo oscuro y cruel… yo sigo pensando que existen buenas personas con la capacidad de crear el bien. Yo lucho solo… pero cuento con la fuerza de miles.

Puedo salvar el mundo. Podemos hacerlo… Siempre hay esperanza. <<

 

 

Nowe se reincorporó y se quedó unos minutos más observando la iluminada ciudad desde el rascacielos Black J, en Twilight. Extrañamente el cielo estaba despejado.

Vestido con su armadura ligera, siempre de color negro, parecía esperar a que sucediera algo, pues miraba a un punto exacto en el cruce con Siberius, la entrada a un edificio bastante alto. Avanzó unos pasos más hasta quedar en el borde de la cornisa, frunció el ceño fijando su mirada en la entrada a dicho edificio.

En realidad Nowe sabía lo que estaba esperando. Hacía tres días que seguía la pista a un hombre-lobo muy escurridizo. La criatura debía de haber sido transformada recientemente, pues demostraba tener un hambre insaciable y ya había devorado a once personas sin seguir ningún patrón. Dado a que Nowe no pudo atraparle en sus primeros intentos, fue a ver a un clan de hombres-lobo en las montañas, fuera de la ciudad, y vapuleó a su líder para tratar de sonsacar algo de información. No le dijeron nada del hombre-lobo que perseguía, pero en su lugar le dijeron algo mucho más importante. Un mago Illar –así llamaban a los magos humanos del presente– se estaba dedicando a crear pociones en un laboratorio secreto… El líder de la manada aseguró que el hombre-lobo de Nowe yacía bajo los efectos adictivos del mago y que lo visitaba por el día para recibir más pócimas. Antes de volver a la ciudad, Nowe, como siempre, advirtió al clan de los lobos que no se acercaran a la ciudad, ya habían tenido problemas en el pasado y no quería tener que cazarlos de nuevo.

Nowe, ya impaciente, cogió su visor, nombrado Dragon Eye por Aiko, y lo usó para ver de cerca de los peatones. No sería difícil reconocer al sujeto en cuestión, pues si las pociones mágicas del mago eran tan adictivas como decían, el hombre estaría ansioso por conseguirlas de nuevo. No obstante, para asegurarse, activó la visión térmica. El intercomunicador de Nowe se activó de repente y oyó una voz conocida.

- ¿Nowe? ¿Estás ahí?

- Siempre.

- Lo imaginaba. ¿Cómo va la búsqueda? ¿Tienes ya al hombre peludo? –Preguntó Sunny.

- Aún no, Oráculo, no aparece… Como Baan me haya engañado…

- No lo creo, el clan de Baan te teme, Nowe, estoy segura de que Wallace aparecerá para ver al mago. –Hizo una pausa, Nowe oyó el sonido del teclado por el intercomunicador. –Por cierto, ¿sabes dónde encontrar al mago en ese edificio?

- Sí, he calibrado el modo de visión del Dragon Eye y he mapeado el edificio. El mago se encuentra en el último piso, tiene una habitación secreta en su despacho donde realiza todos sus experimentos de alquimia… Cuando atrape al hombre-lobo, él será el siguiente. –Dijo con absoluta seriedad.

- De acuerdo, llámame si necesitas algo.

La transmisión se cortó y Nowe siguió esperando. Cerró los ojos y meditó… Por un momento, los sonidos irrelevantes dejaron de oírse. El héroe buscaba un sonido en concreto: el de su presa. Tras varios minutos sin conseguir nada, logró oír los jadeos de un hombre adulto aproximarse a su zona. Abrió los ojos ansioso y buscó entre la multitud a Wallace, el hombre-lobo. Para su sorpresa, éste se estaba empezando a transformarse allí mismo, en mitad de la calle. Un terrible grito hizo que los civiles que merodeaban por el lugar fijaran sus miradas en él. Tras otro grito, se encogió y comenzó a crecer y a volverse más velludo. Su transformación fue más rápida de lo normal, antes de que Nowe se diera cuenta ya había comenzado a correr arremetiendo contra todas las personas que se le cruzaban.

- ¡Wallace se ha transformado antes de lo previsto! –Gritó Nowe por el intercomunicador de nuevo. -¡Informa a Dark Covenant, voy a por él!

Nowe saltó de inmediato del rascacielos. Descendía en picado manteniendo fijo su objetivo… Cayó justo encima de él destrozando y hundiendo gran parte de la carretera. Frenético, el hombre-lobo se revolvió y se zafó de Nowe alejándose. El héroe tardó unos segundos más en reincorporarse, la caída había sido muy dura y se había hecho daño. La bestia quiso aprovechar eso y atacó con sus afiladas garras, Nowe reaccionó al instante esquivando el primer zarpazo y agarrando su brazo. Trató de partirlo pero el lobo se resistió, estaba descontrolado y eso dificultaba la caza. Alzó el brazo elevando así a Nowe, pero éste se soltó raudo y estampó su pie en el hocico de la criatura. Dio una voltereta en el aire antes de caer al suelo y arremetió con una poderosa patada la cabeza del lobo, el cual se desplazó varios metros desplomándose. La gente seguía huyendo despavorida alejándose de la zona del conflicto.

- Nowe, ¿has cazado alguna vez a un hombre-lobo… sin matarlo? –Preguntó Sunny.

- Unos cuantos. –Respondió mientras se acercaba lentamente a su presa. –Los hombres-lobo son fáciles de atrapar…, predecibles, pero este está desesperado por volver a tomar una de esas pociones, diría que está bajo el efecto de un encantamiento.

- ¿Sabrás pararlo?

- Sí, pero necesito que prepares un antídoto anti-licántropo para dárselo al personal de Dark Covenant, les facilitará las cosas…

- Entendido, me pongo a ello.

La criatura se reincorporó furiosa y miró con sus ojos inyectados en sangre al humano que le estaba sometiendo. Saltó hacia Nowe en un vano intento de echársele encima, mas este se deslizó por debajo esquivando el ataque y propinándole una nueva patada en el estómago haciéndole caer estrepitosamente al suelo, el lobo rugió. Se batió en retirada dando un enorme salto y comenzó a trepar por el edificio de manera desesperada, ansioso por encontrarse con el mago. Nowe esperó hasta que el licántropo estuviera cerca del último piso…, entonces disparó su garfio y atravesó la última ventana quedando después enganchado en la cornisa. En uno segundos llegó hasta arriba, para entonces la bestia ya había entrado también y correteaba por el despacho buscando al mago. No estaba presente. Encolerizada por ver que su perseguidor seguía ahí, se abalanzó de nuevo con una nueva oleada de zarpazos. Nowe esquivó y bloqueó todos ellos hasta agarrar una vez más su brazo en un contraataque. Hubo otro forcejeo, pero esta vez Nowe liberó más fuerza y, pasando por encima de él al hombre-lobo, retorció su gran brazo rompiéndolo brutalmente a la vez que lo estrellaba contra el suelo. El licántropo rugió de dolor, mas aún trataba de ponerse en pie. Nowe, sin soltar su brazo, le dio varias vueltas hasta arrojarlo con tremenda fuerza contra los estantes de la habitación. Sin apartar la vista de la criatura, oyó un leve sonido que no reconoció… Con una habilidad sorprendente, el héroe se echó a un lado esquivando el fuego mágico del mago, quien había salido de la habitación secreta.

- Maldito seas, Nowe… has tenido que fastidiarlo todo. –Se quejó sin cambiar demasiado su pasiva expresión.

- Aún no lo he hecho, mago Illar. Voy a detener esta locura que has creado…

- ¿Locura? No sabes lo que dices, estoy probando nuevas pociones con mi querido Wallace… He conseguido crear a un hombre-lobo… ¡CREARLO!

- No sé cómo lo has hecho… Pero es peligroso, no deberías alterar a un ser humano con tus pócimas. ¡Voy a acabar con esto!

El mago lanzó de sus manos rayos arcanos, tenían una extraña forma cristalina y al impactar creaban una pequeña explosión. Nowe saltó hacia el mago esquivando en el aire todos los proyectiles… El Illar congeló sus propias manos para defenderse a distancias cortas y hacerle el toque gélido a su oponente. Extendió rápidamente su brazo para adelantarse al ataque de Nowe, pero para su sorpresa, este agarró su mano.

- ¡JAJA! Ya eres mío, héroe…

- ¡Eso está por ver!

El toque gélido del mago apenas surtía efecto ante el fuerte apretón de manos de Nowe. Lo único que consiguió fue enfriar la mano del héroe. Finalmente, Nowe apretó con más fuerza y rompió la mano del mago, le golpeó en la barbilla lanzándolo a la habitación secreta de sus espaldas y haciéndole chocar contra su mesa de pociones. Con el mago fuera de juego, Nowe sacó un sedante especializado para licántropos y se lo inyectó al que era Wallace, de ese modo lo mantendría dormido el suficiente tiempo hasta que llegaran las autoridades. Volvió a la sala del alquimista y examinó las pociones de los estantes…

- Oráculo, aquí hay algo que no me encaja…

- ¿Qué es?

- La mayoría de estas pociones no han sido creadas… Al menos no por el mago Illar.

- ¿Cómo lo sabes?

- Conozco de sobra la calidad de las pociones… Un mequetrefe como el mago en cuestión no sabría crear algo así, alguien se las ha tenido que proporcionar.

- Nowe, ¿estás seguro de eso? ¿Y si realmente ha sido nuestro mago el que las ha elaborado? –Insistió Sunny.

- Estoy seguro, Oráculo. Los magos humanos no son grandes alquimistas, sus pociones se basan en la alteración. Pueden cambiar su aspecto, incrementar su magia, potenciar sus habilidades físicas… pero no transformar a un hombre en licántropo. Alguien le ha tenido que facilitar estas pócimas.

- Ya veo… -Reflexionó durante escasos segundos. - ¿Y tienes idea de quién puede ser?

- No, vas a tener que buscar en la base de datos información sobre alguien relacionado con la alquimia de alto nivel. Mantén la posibilidad de que no sea humano…

- Comprendido, ¿qué harás con el mago?

- Dejaré que lo encierren en Dark Covenant, estoy convencido de que ni siquiera sabe quién es el que le ha proporcionado las pociones, tendremos que averiguarlo por nuestra cuenta. Este alquimista no es sino la primera pieza de un extravagante puzzle…

Para cuando llegó la policía y el cuerpo especial de Dark Covenant, Nowe ya se había marchado llevándose consigo varias pociones. Las autoridades encontraron al mago colgado del techo con un cable y al hombre-lobo inconsciente en el suelo. Como los profesionales que eran, usaron unas esposas conocidas como Pacificador que anulaban la magia. Por supuesto, había sido el mismísimo Nowe quien había proporcionado gran cantidad de dichas esposas a Dark Covenant; en cambio a él se la habían facilitado sus aliados elfos y enanos. Al licántropo, que no se había destransformado aún, le colocaron unos grilletes especiales en manos, pies y cuello. Procedieron después a trasladar a los nuevos prisioneros de Dark Covenant…

El héroe inmortal recorría las calles a una velocidad vertiginosa con su enorme y potente moto: Storm Shadow, cuya tecnología avanzada la convertía en un vehículo perfecto para Nowe.

 

 

>> Alguien está jugando a ser Dios con avanzadas pociones de alquimia… Quizá sea Sectus o alguno de sus hechiceros, pero no lo creo, desde nuestro último enfrentamiento no ha vuelto a aparecer, y este no es su estilo… Me pregunto qué clase de loco con ínsulas de poder está detrás de esto… Sea quien sea, lo encontraré y lo detendré.

¡ES LO QUE SOY! <<



 

CONTINUARÁ

 
 
Current Location: Twilight
Current Music: The Inmortal Hero
 
 
27 September 2009 @ 07:03 pm



Fue solo un segundo… pero fue suficiente para asustarla… aterrarla… alguien se acercaba velozmente… alguien con intenciones perversas… ¡Su hija!

 

Su velocidad de vampiro le permitió esconder a su hija en algún lugar de aquella casa, sus ojos azules fue lo último que vió antes de encontrarse con su atacante, un apuesto hombre de cabellera larga y de color negra se encontraba frente a ella sosteniendo a lady Geller, cuyo cuerpo se encontraba inconsciente.

 

-No la maté, no vengo por ella…- contestó a la pregunta silenciosa que se había formulado en los asustados ojos de Kyrie- ¿Dónde está?- ella no contestó- ¡¿Dime donde está?!- el hombre la tomó de los hombros y la lanzó al suelo abriéndolo considerablemente, la rubia dio un salto comenzando a golpear a su atacante, una batalla comenzaba a librarse en aquel lugar.

 

Pero…

 

-¿Mamá?

 

-¡Aiko! ¡NOOOO!

 

 

~
 

El fuego de la chimenea de aquella pequeña casa de Londres iluminaba toda la estancia, el juego de sombras que hacía en la pared le daba un toque más cálido al lugar. Un suspiro inundó toda la habitación rompiendo con el tranquilo silencio, silencio que la persona que se encontraba ahí parecía disfrutar. Juntó sus manos frotándolas entre si, sentía que el fuego no terminaba de darle calor, estiró sus brazos hasta una caja de música que se encontraba frente a ella, la abrió y una suave melodía inundó sus oídos haciéndola sonreír, la primera sonrisa que su pequeño rostro mostraba desde hace días.

 

-¿Aiko?- escuchó detrás de ella, la niña se giró desde su posición observando a una mujer con ciertas arrugas en el rostro y el cabello blanco reluciéndole a la luz del fuego, mostraba en sus ojos una sorpresa inusual en ella, sorpresa mezclada con alegría- Estás escuchando la caja musical de tu madre…- la niña asintió y volvió su vista hacia la caja, la mujer se sentó a su lado y la tomó por los hombros, los dulces ojos azules de Aiko la observaron tiernamente haciendo una petición silenciosa- ¿Segura que quieres hablar de ese día?

 

La pequeña observó la caja una vez más, después asintió. Esta vez le tocó a la mujer suspirar.

 

-Tu madre fue una mujer muy fuerte, pequeña, luchó incontables veces para salvarte a ti, su esperanza, su bebé… ese día, un hombre vino a buscarte, fue por eso que tu madre te ocultó para evitar que descubriera que estabas ahí, pero fue inevitable y apareciste en medio de la batalla…

 

Aiko cerró los ojos con pesar, recordando cada detalle, cada grito, cada ataque…

 

“Kyrie tomó el brazo de su atacante, que buscaba la manera de alcanzar a su hija, y con un movimiento rápido logró fracturárselo provocando un grito de dolor en el hombre, sus ojos relucieron de furia y golpearon a la mujer en el pecho, lanzándola un par de metros lejos, aún sin importarle el dolor, Kyrie se puso de pie de nuevo y con una patada desde arriba abrió una grieta en el suelo con ayuda del cuerpo del hombre, una serie de golpes le siguieron abriendo una herida en su cuerpo. Sin que Kyrie se lo esperara, el pelinegro la tomó por los hombros e impulsado por su cuerpo, logró poner a la mujer debajo de él, juntó sus manos en su estómago y un rayo logró penetrarla, el grito que lanzó provocó en su hija el deseo de salvarla.

 

-¡Mamá!- comenzó a correr, pero un brazo la detuvo y pronto se encontraba en brazos de Lady Geller- ¡Suéltame! ¡Mi mamá! ¡Mi mamá!

 

-¡No! ¡Debemos irnos!

 

-¡No, no! ¡Quiero salvar a mi mamá! ¡Déjame hacerlo!

 

Pero su voz ya no era escuchada por la mujer, Lady Geller observó cómo Kyrie tomaba entre sus manos la cabeza de su atacante, los ojos del hombre derramaban sangre pero sus manos seguían lastimando el cuerpo de la mujer. Un grito proveniente del hombre le indicó a Lady Geller que debían huir de ahí cuánto antes. Kyrie observó a su hija antes de morder el cuello del hombre inmovilizándolo por un momento debido al veneno de sus colmillos, una habilidad suya que le permitía inmovilizar a su atacante antes de matarlo por completo. Aprovechando el tiempo corrió hasta donde se encontraba su hija, necesitaba saber que su hija estaba bien, que estaría bien.

 

-¡Mamá, mamá!- le llamaba la pequeña después de sentir los brazos de su madre a su alrededor- ¡Vámonos! ¡Ven con nosotras!

 

-No, Aiko… debo terminar con esto, promete que serás muy fuerte, que ayudarás a Lady Geller en lo que necesite, ¿De acuerdo? Debes irte, mantenerte a salvo, necesito saber que estarás bien, prométeme eso hija.

 

-Pero mamá… ¡Yo puedo ayudarte!

 

-No, no puedes… no te has desarrollado bien…- susurró en voz baja, los ojos de su hija mostraron confusión, desesperación y algo parecido a la molestia- Vete, vete con Lady Geller, ella te cuidará- besó su frente y miró sus ojos por última vez- Eres mi única esperanza, Aiko.

 

No pudo responderle cuando Kyrie ya estaba de nuevo peleando con aquel hombre, escuchó a su madre rugir como una bestia que protege a su cría, el hombre lanzó un rugido al aire juntando sus manos formando lo que parecía ser una gran bola de fuego, fue lo último que vio antes de que Lady Geller le cubriera los ojos y la sacara de ahí.

Comenzaron a correr cuando una explosión les obligó a mirar la casa una vez más, los ojos de Aiko se abrieron del susto, la casa ya era consumida por las llamas de aquel feroz fuego azulado, con su madre y aquel hombre dentro, quiso regresar pero la mujer ya la llevaba corriendo de nuevo. A pesar de su escasa edad, sabía lo que aquella escena había significado, sus ojos comenzaron a derramar lágrimas de tristeza, ese día había perdido a su madre.”

 

-Tu madre murió ese día, pero no fue en vano, Aiko, murió por salvarte, para que estuvieras bien, y lo estás… - acarició los plateados cabellos de la niña, un segundo suspiro salió de ella.

 

-Yo… pude haberla ayudado…

 

-Tienes 6 años, linda… ese hombre te superaba en fuerza y conocimientos, fuerza que solo se comparaba con la de tu madre, no podías haber hecho nada ahí- la pequeña asintió, lady Geller se entristeció ante aquello, sus reacciones no eran, quizá, como las de una niña normal, no lloraba, no se aferraba a la idea de que su madre seguía viva y volvería por ella, no se preguntaba por qué había pasado aquello… lo había aceptado de una manera casi aterradora, como si no hubiera visto aquello, cómo su casa se quemaba, cómo su madre moría… se mantenía tranquila, pacífica, sin generarse tantas preguntas, sin emociones más que la nostalgia que muy pocas veces la embriagaba. Sintió como la cabeza de la pequeña se apoyaba en su ya cansado pecho, su mano comenzó a acariciarle su cabello.

 

-Gracias, lady Geller… por todo- susurró con su delicada voz, cerró sus ojos y se hundió en un profundo sueño, estaba agotada. La mujer sonrió observando las llamas de la chimenea, aquello estaba siendo muy duro para ella y aunque le entristecía no ver las mismas reacciones de cualquier niño, sabía que estaba bien y que estaba llevando las cosas a su manera, manteniendo la calma, esperando algo quizá, tramando algo o, incluso, planeando su futuro.

 

Aiko dejó escapar su tercer suspiro, estando ya dormida. No le gustaba dormir, las pesadillas la atormentaban, pero la música de la caja de su madre, lograba espantar el miedo de las pesadillas.

 

 

Sus ojos azules observaron con ternura la caja musical que permanecía con ella desde el día en que había quedado huérfana, 9 años atrás. Sonrió por última vez y guardó esa caja debajo de su cama, tomó el pequeño bolso que lady Geller le había regalado el primer día que salió a la ciudad y bajó las escaleras de la rústica casa en la que ahora vivía. Pasó por varias habitaciones hasta entrar en una habitación que se encontraba casi a oscuras, iluminada por unas cuantas velas, ni el aire pasaba por ese lugar, el ambiente era incluso deprimente, la joven observó con tristeza el demacrado rostro de la que fuera su “abuelita”, una mueca de dolor pasó por el rostro de la mujer y la ojiazul se apresuró a pasarle un vaso de agua, hacer esfuerzo, por mínimo que sea, disminuía sus días de vida.

 

-No te muevas, abuelita- le susurró dejando ver la preocupación en su voz y en su rostro, la anciana rió levemente después de tomar su agua.

 

-Mi niña, algún día tendré que irme y debes estar preparada para ese día, mi salud ya no es buena y en cualquier momento… moriré- lady Geller sabía que a pesar de sus quince años, Aiko entendía muy bien la realidad y lo que significaba la muerte, había visto morir a su madre casi frente a sus ojos y podía enfrentar cualquier situación manteniendo la calma, pero también sabía que por muy fuerte que pudiera afrontar las cosas, le entristecía por igual, la mujer observó más detenidamente a su “nieta”, sus ojos azules brillaban cada día más, su cabello casi blanco le daba una apariencia delicada que se acentuaba con su pálida piel y sus perfectos rasgos, su ceño semi-fruncido por la preocupación constante le daban un toque de seriedad casi inusual, una joven muy bella a sus 15 años, la anciana sonrió- Cada día te vuelves más hermosa, Aiko, me gustaría vivir unos años más y ver cómo te pondrás cuando seas toda una mujer, ¡Serás muy codiciada por los hombres!

 

La joven se permitió reír un poco sonrojándose ligeramente, la anciana seguía manteniendo ese humor que la caracterizaba.

 

-Es tarde ya, debes ir a clase.

 

-Preferiría quedarme contigo, en la escuela soy como una especie de anormal o algo así- suspiró, vio como la anciana comenzaba a preocuparse, esbozó una ligera sonrisa- No te preocupes, estaré bien, me voy ya… ¡Quiero encontrarte cuando regrese!

 

Lo dijo ya casi por salir de la casa, la anciana la miró marcharse y ahogó un suspiro.

 

-Lo que pasa es que no sabes que eres muy diferente a los demás.

 

 

Se encontraba caminando, no llevaba prisa, se permitió pensar en muchas cosas que siempre se preguntaba, ¿Era lo correcto relacionarse con los demás? ¿Aún cuando alguien iba tras ella? ¿Qué pasaría? ¿La encontrarían? ¿Quién la buscaba? ¡¿Qué quería de ella?! Se tomó la cabeza entre las manos, le comenzaba a doler, era demasiado para una joven, sacudió la cabeza en un vano intento de despejar sus ideas y caminó de nuevo, el camino hacia la pequeña escuela a la que asistía era más que largo, pero le gustaba mucho pasear por entre los árboles, observando el color de sus hojas, su textura… sintió una brisa despejarle los cabellos de la frente… ¿Por qué sentía que era alguien diferente?... o… ¿Algo diferente? No se sentía como los demás, algo dentro de ella le indicaba que era más diferente de lo que pensaba. Suspiró. Sea lo que sea, le estaba ocasionando problemas, lo sabía. Alzó la vista queriendo ver si se estaba acercando a la ciudad, pero una oscuridad inusual le nubló la vista, su corazón se aceleró, venían por ella, podía sentirlo.

Sintió como sus sentidos perdían fuerza dentro de aquella oscuridad, una mano tomó su cuello levantándola del inexistente suelo arrojándola unos metros hacia la oscuridad. Se levantó como pudo sintiendo una patada en su estómago seguido de un golpe, pudo detener otros dos, pero un tercer golpe la derribó por completo, abrió los ojos observando que la oscuridad se había ido y frente a ella, de pie, se encontraba su atacante, un hombre pelirrojo de mirada aterradora, de vestimenta oscura que dejaba al descubierto sus brazos y parte de su pecho, el ceño y los labios fruncidos en una mueca indescifrable le daban un aspecto poco más que intimidante, pero los ojos de la joven observaron en él una belleza difícil de explicar, una belleza que no era humana. Sin esperar nada se vio rodeada de cuatro hombres más, todos vestidos de negro, cada uno más hermoso que el anterior, dos de ellos tenían cínicas sonrisas en sus rostros, trató de correr pero en un segundo tenía a otros dos sujetándola por los brazos y piernas, impidiendo cualquier movimiento suyo, uno de los hombres alzó su brazo al cielo lanzando una especie de señal extraña.

 

No pasó mucho tiempo cuando el ambiente comenzó a tomar un aire siniestro que nunca había visto en Londres, el ambiente era pesado, el frío le recorría por todo el cuerpo y una nube de humo algo extraña los rodeó a todos, fue entonces cuando sus azules ojos se abrieron de la sorpresa al ver como se acercaba una sombra hacia ella y la tomaba del cuello, elevándola, asfixiándola. Pudo observar de cerca a aquel hombre de siniestra presencia, con rasgos más finos que cualquier otro hombre, de belleza casi aterradora, mirada fría pero cínica a la vez, vestía de negro como todos los demás pero parecía ser el líder, sintió que se le acababa el aire y en un vano intento de escapar comenzó a patear a aquel hombre dueño de una belleza perturbadora, pero sus golpes no lograban hacerle nada, la mano que le rodeaba el cuello era más fría que el hielo y su piel más dura que cualquier superficie, sus ojos se encontraron con los de él y supo que algo extraño sucedería, y que quizá no saldría con vida. Se estremeció.

 

El hombre frunció la nariz en una muda señal de desprecio y lanzando a la chica al suelo, pronunció algo que Aiko jamás esperaba escuchar, algo que la sorprendió incluso más que el hecho de estar rodeada de seres no solo más bellos sino más superiores que venían por ella, la voz del hombre, tan elegante, tan siniestra la hizo temblar unos segundos…

 

-Así que… ¿Este engendro es mi hija?
 
 
Current Location: Londres, Inglaterra
 
 
18 September 2009 @ 08:11 pm



 

 Toda mi vida he pensado que mi pasado esconde un gran secreto sobre mi, algo más incluso de saber lo que pasó con mis padres, lo que me pasó a mi, más allá de lo que viví… algo que se que cambiará mi destino de forma radical y casi inesperada, algo que me abrirá los ojos a lo que sea que me están ocultando.

Toda una vida llena de misterios, misterios que quiero desenterrar, descubrir… porque quiero saber lo que fue de mi en un pasado, para saber que me atormenta ahora en el presente.

Aiko.


INTRODUCCIÓN: AIKO

Mi nombre es Aiko… Aiko Moriyama, tengo 185 años, o esos son los años que recuerdo, una parte de mi sabe que su vida va más allá, que tiene mucha historia por detrás… historia que me es difícil recordar.

Actualmente vivo en la ciudad de Twilight, dentro de lo que es Legacy, una ciudad que esconde mucho más de lo que los humanos logran ver… o quieren ver. Soy un vampiro, un vampiro diferente… me alimento de sangre animal, dejé de beber sangre humana después de varios incidentes en mi pasado que me indicaron lo que yo era, que me abofetearon a la cara con la cruda realidad: yo era un monstruo. Siempre cazando, buscar saciar mi sed… a pesar de que jamás bebí sangre de alguien inocente, sabía que lo que hacía, me hacía sentir mal, como un monstruo, una criatura que solo busca su satisfacción personal. Durante años traté de encontrar una manera de no sentirme así, fue entonces que mi poder me dio una visión diferente sobre qué hacer con mi vida.

Tengo el don, el poder, de curar a las personas, de crear células nuevas, de impedir que mueran… tras años de estar viajando, logré encontrar mi vocación, aquello que me impediría ser un monstruo, que me haría dejar de serlo. Actualmente, en Legacy, ejerzo la profesión para la que mi poder fue hecho, soy doctora, utilizo mi poder para el bien.

He vivido muchos años, tratando de buscar mis recuerdos, encontrándome con que mi padre sigue vivo, y que mi madre está perdida… cuando hace tiempo creí que estaban muertos, ¿Qué es lo que me ocultan? ¿Por qué? Preguntas que siguen sin respuesta, pero que estoy dispuesta a averiguar.

Durante todo este tiempo he vivido muchas cosas, sentido muchas cosas, experimentado muchas cosas…

Pero mi vida continúa… por mucho, mucho tiempo más.

 
 
Current Location: En Twilight
 
 
15 September 2009 @ 11:13 pm
Drakengard Symbol

LA BESTIA I

Me dijeron que no había nada..., nada que temer. A pesar de ser el último del clan Drakengard..., a pesar de que toda mi familia fue asesinada en un brutal ataque de toda clase de seres horribles... Me dijeron que no tuviera miedo.
Fui criado por el dragón azul Angeal durante dieciocho años. No tardé en separarme de su lado en cuanto supe lo que le había ocurrido a mi clan... Y cuando llegué a Drakenland y vi el desolado paisaje..., me invadió un sentimiento de odio como nunca antes había sentido. Sólo de pensar que allí murieron mis padres hacía arder mi sangre. Noté que en mi anterior algo estaba… brotando.

Esa misma noche vi algo en la oscuridad... y desde entonces no he dejado de buscarlo.
He viajado por todo el mundo... Me he adentrado en las tinieblas.
Y hay algo en la oscuridad...
¡Algo aterrador!
Algo que no se detendrá hasta saciar su sed de venganza...

¡YO!






INTRODUCCIÓN: NOWE

~ Me llamo Nowe Drakengard Valentine... Nací en el año 1192 y actualmente tengo 817 años. Soy inmortal desde el mismo día en que nací... Al ser considerado el Elegido entre los de mi clan por nacer con el corazón en el lado derecho del pecho, los hechiceros de Drakenland se reunieron en el acto y usaron un poderoso y antiguo ritual para sellar la marca del dragón en mí. El sello quedó grabado en mi pecho y me confirió la inmortalidad...
No se trataba de una inmortalidad que me impediría morir para siempre, sino que únicamente yo nunca envejecería. Por lo demás era igual de mortal que el resto. Podía sangrar y ser herido.
Antes de llegar a Legacy..., en el pasado, en mi largo pasado, cometí toda clase de errores. La venganza y el odio dictaminaban mi carácter. Era arrogante y temerario y, con el paso del tiempo, olvidé todo aquello que una vez había aprendido y perdí mi camino. Fuera lo que fuera aquello que una vez buscaba... dejó de tener sentido. Mi pasado es una interminable pesadilla que no quiero recordar. Por mi culpa se extinguieron muchas razas que antaño habitaban este mundo... No, mi pasado no es digno de admirar. Mi pasado es el motivo por el que no duermo.

Soy consciente de que existe el destino y  que éste se puede cambiar constantemente… Es por eso que decidí venir a Legacy para empezar a establecer el orden. El mundo lleva demasiado tiempo pudriéndose… y yo tenía la oportunidad de luchar contra la injusticia en la ciudad más corrupta de todas. Legacy… está sumida en las sombras, está al borde del abismo y necesita a un héroe.

Me he convertido en la justicia…

No solo estoy salvando a las personas, también estoy buscando la redención. Todo el mal que he causado, todas las vidas segadas… No sé si el perdón es algo que pueda ganarme, pero ahora ya no soy el monstruo que fui, ahora soy el héroe que estas personas merecen. Y voy a salvarles. Voy a salvarlos a todos.

 

Hay algo que siempre he tenido claro… Y es que el único destino que existe es el que nos forjamos nosotros.

 
 
Current Mood: The Dark Knight